Villafamés ha sido una de esas paradas que no esperábamos que nos gustaran tanto. Quizá porque Castellón, en general, nos está sorprendiendo mucho más de lo previsto… pero eso lo contaremos en otro post, cuando tengamos clara la ruta completa.
Hoy toca centrarse en Villafamés, uno de esos pueblos que entran poco a poco y acaban quedándose contigo.




Dónde aparcar si viajas en camper o autocaravana
Nuestra recomendación es no entrar con la camper en la zona antigua. Hay un parking de tierra cerca del centro, algo desnivelado y con poco espacio. Hemos leído que en alguna ocasión han multado por pernoctar allí, así que lo ideal es aparcar en calles antes de llegar a la zona histórica, respetando las señales que indican dónde pueden y no pueden estacionar autocaravanas.
Nada raro: hacer caso a la señalización y listo.
Primeras sensaciones
Nada más llegar, lo primero que ves es el castillo coronando el pueblo. No se aprecia mucho más desde abajo, y eso genera una pequeña duda inicial. De hecho, escuchamos a unas señoras decir que “al pueblo le faltaba algo”… y ahí pensamos: a ver si va a ser una decepción.
Spoiler: no lo fue en absoluto.




🪨Calles empedradas, tonos tierra y esencia rústica
En cuanto empiezas a callejear, aparecen las calles empedradas, las fachadas en tonos marrones y amarronados, una arquitectura bastante homogénea y cuidada, flores y plantas en esquinas y balcones.
Como solemos decir: cuando hay calle empedrada, algo hay.
Llegas primero a la iglesia, pero lo mejor es perderse sin rumbo, subir, bajar, girar esquinas… y disfrutar del pueblo sin prisa. Desde algunos puntos hay vistas preciosas a la montaña, con pinos y monte alrededor. Si miras hacia el otro lado, se aprecia más la parte moderna e industrial, pero basta con girarte hacia la sierra para volver a conectar.
El castillo y las vistas
Sin darte cuenta, acabas llegando al castillo. Está en gran parte derruido, pero bien restaurado y acondicionado para poder pasear y, sobre todo, disfrutar de las vistas desde lo alto. Es uno de esos lugares donde te paras, respiras y entiendes por qué los pueblos se construían ahí.




Villafamés con Jack
Jack se lo pasó fenomenal: olores nuevos, calles tranquilas, gatos que perseguir con la mirada (y algún que otro gato que le devolvía la mirada 😅), y algún perro que le ladró… lo habitual.
Aun así, estuvo bastante relajado y disfrutó del paseo.
Paramos a tomar un café en una cafetería–restaurante nada más empezar la subida, y se portó de diez, tranquilo y educado, como el perro maravilloso que es.




San Antón y una curiosidad inesperada
Fuimos sin saberlo el día de San Antón, y nos encontramos con gente bajando con roscos de pan. Si visitas Villafamés ese día, que sepas que probablemente te lleves uno.
Y como curiosidad final, en la carretera vimos que pasa el meridiano de Greenwich. No hay un punto habilitado para parar o hacer fotos, algo que podrían mejorar, pero resulta curioso saber que cruzas por ahí.




Conclusión
Villafamés no es blanco, ni marinero, ni de postal perfecta. Es rústico, antiguo, sobrio y auténtico. Y precisamente por eso, nos gustó tanto.
