En casa de los padres de Arantxa, Cáceres, estábamos pasando unos días con Simba cuando decidimos hacer una pequeña prueba: ¿qué pasa si nos llevamos a dos perros a la DogVan?
Hasta ahora siempre habíamos viajado con Jack. La DogVan está pensada para nosotros y para él, conocemos nuestras rutinas y tenemos bastante controlado cómo organizarnos dentro de esos pocos metros cuadrados.
Pero Simba es otra historia.



Simba es el perro que vive con los padres de Arantxa, su nuevo hermano, y tiene unos 10 kilos de puro músculo y energía. No es gordo, ni mucho menos. Es un perro fuerte, muy fuerte, de esos que podrían pasarse el día corriendo y todavía preguntar: «qué hacemos después».
Así que, aprovechando que en Cáceres estábamos rozando los 40 grados, cogimos la DogVan, metimos a Simba y pusimos rumbo a la Sierra de Francia.
Primera escapada con dos perros. Primera noche. Y primera prueba de fuego.



Primera noche: empieza el experimento
Nos fuimos hasta la Sierra de Francia y dormimos en una explanada junto al Mirador de la Cabra, cerca de Mogarraz.
El sitio era espectacular y, sobre todo, muy tranquilo. Dormimos escuchando únicamente los grillos.
Bueno… los grillos y nuestras propias preocupaciones.
Porque viajar con dos perros cambia algunas cosas.
La noche anterior había muchísimos mosquitos, avispas y todo tipo de bichos, así que no quisimos dejar demasiado abierta la camper. Y tampoco estamos acostumbrados a estar pendientes de dos perros cuando abrimos una puerta.
¿Y si uno sale disparado?
¿Y si dejamos algo abierto?
¿Y si Simba decide que quiere explorar la Sierra de Francia a las tres de la mañana?
Al final no pasó nada de eso. Los dos se portaron fenomenal.
Eso sí, nos despertamos un par de veces para comprobar que todo estaba bien y, además, hizo algo de calor dentro de la DogVan porque no pudimos ventilarla tanto como otras noches. Por suerte, para eso tenemos nuestro enfriador.


Fuera de la camper: dos buenazos
Y aquí llegó una de las mejores sorpresas. Jack y Simba juntos funcionan de maravilla.
Paseando, haciendo turismo, tomando un café… los dos se portaron estupendamente. Bueno, tienen una pequeña afición compartida: ladrarle a cualquier cosa que consideren sospechosa.
Pero, por lo demás, dos buenazos. El problema no son ellos. El problema son dos perros dentro de una camper, porque ahí los diez kilos de Simba parecen multiplicarse. Entre él, Jack, nuestras cosas, los ordenadores, la cama, la cocina… de repente uno empieza a entender el concepto de “espacio reducido”.

Y llegó la mañana
Como esta era nuestra primera vez viajando con la DogVan por esta zona, descubrimos otra de las grandes ventajas de viajar así.
Otras veces habíamos venido en coche. Nos levantábamos, desayunábamos, nos preparábamos, cogíamos el coche y, entre unas cosas y otras, fácilmente llegábamos a La Alberca o Mogarraz cerca del mediodía. Y en agosto, eso significa llegar justo cuando empieza a apretar el calor. Esta vez habíamos dormido allí.
Nos levantamos, desayunamos, recogimos nuestro pequeño despacho de ordenadores porque era viernes y tocaba trabajar… y en cuanto estuvimos preparados, salimos a pasear.
Sin hora y media de carretera antes de empezar el día, y eso cambia muchísimo la experiencia.



Mogarraz, La Alberca y Miranda del Castañar
Intentamos empezar por Mogarraz, pero nos encontramos con un problema bastante habitual cuando viajas en camper: aparcar.
Había varios aparcamientos, pero algunos pertenecían al mismo restaurante y el espacio habilitado para turismos estaba completamente lleno. Así que seguimos hacia La Alberca.
Allí sí conseguimos aparcar y pudimos dar una vuelta tranquilamente, tomar un café y pasear con Jack y Simba. A las diez y media de la mañana ya había bastante gente y empezaba a notarse el calor. Así que compramos pan, miramos el mapa y decidimos seguir descubriendo pueblos.
Terminamos en Miranda del Castañar, otro de los Pueblos Más Bonitos de España, y allí sí pudimos dar una vuelta con los perros, hacer algunas fotos y grabar vídeos antes de buscar un sitio para comer.
No estuvimos horas, de hecho, en aproximadamente media hora habíamos visto lo principal y nos pareció perfecto. Porque viajar en agosto también consiste en saber cuándo parar.


El calor manda
A primera hora estábamos bastante bien, pero una cosa es estar a 33 ºC por la mañana y otra muy distinta cuando el sol lleva horas calentando el asfalto y las piedras de los pueblos.
Cuando bajamos de la sierra, el termómetro ya marcaba unos 36 ºC y ahí ya no apetecía seguir haciendo turismo. Sobre todo viajando con perros. Así que comimos en un área recreativa junto a la carretera y decidimos volver directamente a casa.


Entonces… ¿se puede viajar con dos perros en camper?
Después de estas primeras 24 horas, nuestra respuesta es: Sí.
Pero también hemos aprendido que no es exactamente igual que viajar con uno. Con dos perros tienes que estar más pendiente de las puertas, de la ventilación, de dónde está cada uno y de cómo organizar el espacio. Y en nuestro caso, además, Jack y Simba tienen bastante energía.
Pero fuera de la camper nos han demostrado que pueden viajar juntos perfectamente. Han paseado juntos, han hecho turismo, han tomado un café con nosotros y se han portado como dos campeones.
Así que probablemente volveremos a repetir. Eso sí… Quizá antes tengamos que descubrir cómo conseguir un poquito más de espacio dentro de la DogVan, porque Simba tendrá diez kilos, pero esos diez kilos vienen con motor, turbo y tracción a las cuatro patas.
Y después de esta primera aventura, algo tenemos claro: Simba ha aprobado su primer examen como copiloto de la DogVan. Ahora habrá que ver si él piensa lo mismo.
