Últimos días por Francia antes de pasar a Italia

Después de varias semanas recorriendo Francia, llegamos a una de las zonas más famosas de toda la Costa Azul: Saint-Tropez. Y, para sorpresa nuestra, ha terminado siendo uno de esos sitios que nos ha gustado bastante más de lo que esperábamos.

Saint-Tropez nos sorprende

Habíamos escuchado de todo sobre Saint-Tropez. Que si lujo, que si postureo, que si yates, que si famosos. Así que llegamos con las expectativas bastante controladas.

Y quizá por eso nos gustó tanto.

Decidimos aparcar bastante lejos del centro para evitar restricciones y zonas de pago, y nos tocó caminar cerca de media hora hasta llegar al casco histórico. Lejos de molestarnos, el paseo nos permitió entrar poco a poco en el ambiente del pueblo.

Lo primero que nos llamó la atención fueron sus calles. Colores, pequeñas plazas, rincones llenos de encanto y un ambiente muy mediterráneo. Todo ello mezclado con ese toque francés tan característico.

Saint-Tropez tiene mucho más que el puerto de los yates.

Nos pasamos más de dos horas paseando sin rumbo fijo, simplemente disfrutando de las calles y observando la vida que había alrededor.a

Y como era el cumpleaños de Miguel, tocaba celebración.

Eso sí, lejos de los yates.

Mientras en primera línea del puerto un simple crepe podía costar 15 euros, nosotros encontramos un sitio unas calles más atrás donde tomarnos unos cafés y compartir un crepe de Nutella por bastante menos dinero.

Al final, la experiencia fue mucho más auténtica que cualquier terraza con vistas a los barcos millonarios.

Y Jack también disfrutó de la visita.

Aunque hacía bastante calor, nos sorprendió la cantidad de perros que había paseando por Saint-Tropez. Además, encontramos varias pequeñas playas escondidas donde pudimos acercarnos para que se refrescara un poco.

En cuanto vio el agua, salió prácticamente disparado hacia ella. Metió las patas, se refrescó y estuvo un buen rato disfrutando del mar.

Porque al final:

Saint-Tropez será muy de yates y lujo… pero Jack fue feliz con una mini playa escondida y nosotros con un crepe barato dos calles más atrás.

La otra cara del Golfo de Saint-Tropez

Después de la buena impresión inicial quisimos seguir explorando la zona y ahí descubrimos algo que no suele aparecer en las fotos de Instagram.

El Golfo de Saint-Tropez es curioso porque está explotado para el lujo… pero no para la accesibilidad.

Durante buena parte del día intentamos acercarnos a distintas playas, calas y puntos de interés. Sobre el mapa parecía sencillo.

La realidad fue otra.

Carreteras estrechas, curvas constantes, desniveles importantes, restricciones para autocaravanas y muy pocos lugares cómodos para aparcar. Hubo momentos en los que sentimos que encontrar un sitio donde detenernos era más complicado que llegar al propio destino.

Y, sin embargo, también entendimos por qué la zona sigue conservando parte de su encanto.

No han arrasado media montaña para construir carreteras enormes ni han llenado la costa de grandes infraestructuras. A veces desespera un poco cuando viajas en camper, pero también permite que el paisaje siga teniendo un aspecto bastante natural.

Terminamos el día en un camping donde aprovechamos para descansar, lavar ropa y recuperar algo de tranquilidad después de tantas curvas.

Port Grimaud, la costa rojiza y el castillo junto al mar

La mañana siguiente comenzó visitando Port Grimaud, conocida por muchos como la pequeña Venecia de la Costa Azul. Es bonita. Las fotos salen bien. Pero tampoco fue uno de esos lugares que nos marcaron especialmente.

Quizá porque buena parte de la zona más llamativa es privada y la sensación era que estabas observando el decorado desde fuera.

Paseamos un rato, sacamos algunas fotos y continuamos la ruta.

Y entonces llegó la sorpresa del día.

Al alejarnos de Saint-Tropez y acercarnos a la zona de Anthéor, el paisaje cambió por completo. La costa empezó a teñirse de tonos rojizos. Los acantilados, las rocas y las pequeñas calas formaban un contraste espectacular con el azul intenso del Mediterráneo.

Fue, sin duda, una de las zonas más bonitas que vimos en nuestros últimos días por Francia.

Nos habría gustado parar más veces, pero volvimos a encontrarnos con el mismo problema: pocos aparcamientos y muchas restricciones para vehículos grandes.

Aun así conseguimos disfrutar de varios miradores y de una carretera panorámica realmente espectacular.

Por la tarde llegamos hasta el Château de la Napoule. Un castillo junto al mar que parece sacado de una película. O de una serie de fantasía.

Lo observamos desde la playa cercana porque tampoco era sencillo encontrar aparcamiento para la camper, pero mereció completamente la pena acercarse.

Aquella noche dormimos en un lugar tranquilo junto a una zona de senderos, muy cerca de Mandelieu-la-Napoule. Uno de esos sitios sencillos que terminan convirtiéndose en algunos de los mejores recuerdos del viaje.

Último día en Francia y entrada en Italia

La mañana comenzó como empiezan muchas mañanas en la DogVan: Trabajando.

Nos instalamos en el aparcamiento de un supermercado, atendimos una reunión, respondimos correos y aprovechamos para hacer compra técnica. Comida para nosotros, comida para Jack, y todo lo necesario para aguantar varios días más en ruta.

Todavía nos quedaban por delante Niza, Cannes, Mónaco y toda esa zona de tráfico intenso y carreteras complicadas, así que optamos por la solución más sencilla: autopista.

Fueron casi 18 euros de peaje, pero también varias horas de tranquilidad.

Antes de cruzar la frontera hicimos una última parada en una gasolinera situada en un mirador sobre Mónaco y nos tomamos un café preparado en la DogVan con vistas a Mónaco. ¿Alguien da más?

Poco después cruzamos la frontera y entramos en Italia.

La primera parada fue en Dolceacqua y allí hubo tiempo para otras tareas importantes de la vida camper: preparamos varias raciones de comida para Jack y Miguel pasó por la peluquería más exclusiva de la Costa Azul.

La DogVan.

Después de varias semanas de viaje, las melenas empezaban a ser preocupantes.

Ya ahora si, la ruta por Italia ya viene en otro post, pero como adelanto te contaremos que después de tantos días recorriendo Francia sin demasiada prisa, tocaba cambiar el ritmo. Porque la vida camper no es solo visitar pueblos bonitos.

También es trabajar cada mañana, cocinar para Jack, hacer la compra, cortarse el pelo en mitad de un viaje y seguir avanzando poco a poco hacia el siguiente destino.

2 comentarios en «Últimos días por Francia antes de pasar a Italia»

  1. Qué maravilla, muchas gracias por la información, nos acaba de salir un viaje a Génova y nos va a venir genial todos estos lugares, seguiremos vuestros pasos 😉😘

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    • Muchas gracias por el comentario! Nosotros, justamente ahora, estamos en Génova y nos ha gustado más de lo que nos esperábamos. Menos caótica de lo que pensábamos y edificios y calles bastante chulos. Disfrutad del viaje!

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