La segunda semana de ruta por Francia ha sido rara. Muy rara. De esas semanas que no parecen espectaculares en fotos… pero que luego recuerdas muchísimo.
Salimos de Toulouse con ganas de volver a pueblos tranquilos y ahí empezó una Francia completamente distinta. Mucho más silenciosa, más rural y más pausada. Descubrimos pueblos como Sorèze o Durfort, donde literalmente paseábamos solos entre calles antiguas, acequias y ventanas de madera de colores. Pueblos donde parece que no pasa absolutamente nada… y precisamente por eso nos gustaron tanto.
Además, empezamos a ver algo que nos llamó muchísimo la atención: muchos pueblos tienen carteles avisando de que por la noche apagan completamente las luces para reducir la contaminación lumínica. Y sí, se nota muchísimo. Los cielos se ven increíbles y las noches tienen una tranquilidad difícil de explicar.



Una zona más de naturaleza que de pueblos
También nos dimos cuenta de que esta zona de Francia se disfruta muchísimo más desde el senderismo y la naturaleza que desde el turismo de pueblos como tal. Y claro… entre lluvias, frío y nuestro mood actual de viaje, no terminamos de conectar con algunos sitios.


Olargues, por ejemplo, nos decepcionó bastante. Y eso que es uno de los pueblos más bonitos de Francia. Lo vimos muy deteriorado y descuidado. En cambio, Mourèze nos gustó muchísimo más aunque sea pequeñísimo. De hecho, nos recordó un poco a una mezcla entre Vilafamés y Anento.
El aparcamiento en Mourèze está un poco complicado, pero si vas por la carretera verás que todos aparcan en recobecos. Nosotros aparcamos por allí, asegurándonos que la DogVan estaba segura, y anduvimos unos 10 minutos por carretera hasta el pueblo.
No hay peligro, ya que quien conduce por allí ya ve que hay gente andando por la carretera, además, tampoco es una carretera de correr mucho.
Después llegaron Sommières y Uzès, que ya sí nos devolvieron un poco la ilusión. Más vida, más ambiente, cafeterías, tiendas y ese toque mediterráneo que nos gusta tanto. Uzès estaba llenísimo por el mercadillo y tuvimos que huir porque entre la gente y los perros Jack no estaba cómodo… pero por la tarde, cuando se vació, nos encantó.



Nîmes y cambiar planes sobre la marcha
Nîmes nos gustó por el ambiente, el toque romano, las calles y el movimiento de la ciudad. Pero nos chocó muchísimo descubrir que el anfiteatro romano todavía se usa para corridas de toros. Y sí, siendo nosotros… pues fue imposible no sentir rechazo por eso.



Y aquí volvió a aparecer una de las realidades de viajar en camper: muchas veces decides la ruta según dónde te sientes seguro.
Inicialmente queríamos seguir bajando por la zona de Carcassone, pero después de leer varios comentarios sobre robos en campers y autocaravanas en algunas áreas, decidimos cambiar completamente el rumbo. Porque al final, por muy bonito que sea un sitio, si no duermes y aparcas tranquilo… no merece la pena.
Y otro de los cambios fue el de dormir en Olargues, pero la decepción llegó en cuanto pasamos por la primera calle. Teníamos muchas expectativas. Aún así, creemos que quizás, es una zona en la que las actividades como el senderismo son lo principal, y nosotros, con lo que había llovido, no estábamos para senderos.







La realidad de viajar en camper no siempre son pueblos “wow”
Esta semana hemos pasado muchísimo tiempo simplemente viviendo:
- trabajando desde la furgo,
- viendo MotoGP,
- limpiando,
- secando trapos,
- arreglando la bomba del enfriador,
- corriendo entre viñedos con Jack,
- buscando áreas tranquilas,
- improvisando según el tiempo,
- y aprendiendo a cambiar planes sin frustrarnos.
Porque muchas veces la ruta no se decide por “qué pueblo es más bonito”, sino por:
- dónde podemos dormir tranquilos,
- dónde podemos trabajar,
- o dónde Park4Night no da miedo 😂
Terminamos la semana en Chusclan, rodeados de viñas, descansando después de varios días de movimiento y preparándonos ya para la siguiente etapa del viaje.
Y sinceramente… aunque haya sido una semana menos espectacular de lo esperado, ha sido muy nuestra.




