Venir de Florencia y terminar la noche en San Gimignano fue una de esas casualidades del viaje que acaban quedándose grabadas.
Estábamos en nuestra segunda semana por Italia, todavía adaptándonos al ritmo del país, al calor, a los pueblos, a la camper y a viajar con Jack sin forzar demasiado los planes. Ese día veníamos de Florencia, una ciudad preciosa, sí, pero también con bastante gente y mucho calor. Así que cuando llegamos a San Gimignano por la tarde, no imaginábamos que aquel pueblo acabaría colocándose tan arriba en nuestro viaje.
De hecho, al principio la llegada no fue especialmente cómoda.



Llegar a San Gimignano en camper no fue tan sencillo
Llegamos por la tarde y lo primero que nos encontramos fue el típico problema de muchos pueblos turísticos: aparcar con la camper no siempre es fácil.
Había parkings de pago, algunos bastante caros, zonas prohibidas para autocaravanas y un aparcamiento específico para autocaravanas que quedaba demasiado lejos del pueblo para lo que nos apetecía hacer en ese momento.
Como ya era tarde, decidimos no complicarnos demasiado. Encontramos una zona ancha junto a una carretera, de esas donde se veía que algunos coches daban la vuelta o incluso podía parar algún autobús, y dejamos allí la DogVan un rato. No era un plan perfecto, pero nos permitía acercarnos caminando al centro histórico.
Estábamos a unos 10 o 15 minutos andando de una de las puertas de entrada al pueblo.
Y como era sábado por la noche y el parking estaba bastante lleno, hicimos algo que terminó siendo un acierto: cenar primero y visitar San Gimignano después, cuando hubiera menos gente.


San Gimignano a las once de la noche
Entramos al pueblo sobre las once de la noche.
Y nada más cruzar la puerta dijimos: “¿pero qué es esto?”.
No esperábamos encontrarnos aquello. San Gimignano de noche tiene una luz muy especial. Las calles estaban tranquilas, los edificios iluminados, las plazas casi vacías y todo tenía ese punto de escenario medieval que parece preparado para una película.
No había apenas negocios abiertos. Alguna heladería, alguna cafetería, poco más. Pero precisamente eso hizo que el paseo fuera todavía más bonito. No había ruido, no había agobio, no había esa sensación de estar siguiendo una corriente de turistas. Solo calles de piedra, torres, plazas amplias y rincones que parecían pedir una foto.
Y nosotros, claro, hicimos fotos. Muchas.
Porque en San Gimignano te giras y hay algo. Cambias de calle y aparece otra perspectiva. Subes una cuesta y de repente se abre una plaza. Bajas por otra calle y vuelves a encontrarte con una esquina preciosa. Es uno de esos lugares en los que no hace falta llevar un recorrido marcado, porque el propio pueblo te va llevando.



La ‘Manhattan medieval’ de la Toscana
A San Gimignano se le conoce muchas veces como la ‘Manhattan medieval’ o la Manhattan de la Toscana’ por sus torres. En la Edad Media llegó a tener 72, construidas por familias poderosas como símbolo de riqueza y prestigio, aunque hoy se conservan 14.
La comparación con Nueva York se entiende por la silueta, por ese perfil vertical tan reconocible, pero para nosotros San Gimignano no tiene nada que ver con Nueva York. Y casi mejor.
Aquí no hay rascacielos de cristal, ni tráfico, ni ruido constante. Hay piedra, calles empinadas, luces cálidas y una atmósfera medieval que por la noche se nota muchísimo más.
Quizá de día la sensación sea diferente, más turística, más llena, más de visita rápida. Pero de noche, casi vacío, San Gimignano nos pareció una maravilla.



Piazza della Cisterna, Piazza del Duomo y esas calles que no quieres dejar
Uno de los puntos más bonitos del centro es la Piazza della Cisterna, una plaza medieval muy reconocible por su forma triangular y por la antigua cisterna que conserva en el centro. Muy cerca está también la Piazza del Duomo, donde se encuentran algunos de los edificios más importantes del pueblo y la Torre Grossa, la torre más alta de San Gimignano.
Pero más allá de los nombres, lo que más nos gustó fue la sensación de pasear sin prisa.
San Gimignano está construido como sobre una especie de loma. Entras y empiezas a subir, subir, subir… hasta que llegas a una zona más alta, y después toca bajar, bajar y bajar por el otro lado. Esa forma hace que el pueblo tenga muchísimo movimiento visual. Calles con pendiente, plazas que aparecen de repente, torres que asoman entre edificios y rincones que parecen colocados para que te pares.
Y eso hicimos.
Nos paramos mucho.
A mirar, a hacer fotos, a dejar que Jack oliera tranquilo, a disfrutar del fresco después del calorazo de Florencia y a repetir cada dos pasos eso de: “mira qué chulo esto”.


Un paseo perfecto con Jack
Para viajar con perro, haberlo visto de noche fue todo un acierto.
Venir de una ciudad como Florencia, con más gente, más estímulos y más calor, y encontrarnos San Gimignano así de tranquilo fue un regalo. Jack pudo caminar sin agobios, sin demasiada gente alrededor, sin tener que ir esquivando grupos todo el rato.
Además, hacía fresco. Tanto que íbamos con pantalón largo y chaqueta. Y eso, en Italia y en junio, después de haber pasado calor durante el día, se agradece muchísimo.
No sabemos cómo será visitar San Gimignano en pleno día, con todos los negocios abiertos y los grupos entrando y saliendo. Seguramente también tendrá su encanto. Pero nuestra experiencia fue la de un pueblo silencioso, limpio, iluminado y muy fácil de disfrutar con perro.
Y esa es la imagen que se nos quedó.
Dormir cerca y quedarnos con esa sensación
Después de pasear tranquilamente durante casi una hora, volvimos hacia la camper. Serían las doce y media o casi la una de la madrugada.
Movimos la DogVan y nos fuimos a dormir a la zona donde habíamos cenado, en una especie de recoveco junto a la carretera. No era un área bonita ni un sitio especial, pero para pasar la noche nos sirvió. Estuvimos tranquilos hasta primera hora de la mañana, cuando empezaron a pasar más coches.
Al levantarnos pensamos en volver al pueblo para verlo de día.
Pero al final decidimos no hacerlo.
Y creemos que fue la mejor decisión.
Nos quisimos quedar con esa sensación de haber descubierto San Gimignano de noche, sin demasiada gente, con esa luz tan bonita y con ese ambiente medieval que nos encantó. A veces repetir un sitio al día siguiente puede completar la visita. Otras veces puede romper un poco la magia.
En este caso preferimos guardar la magia tal cual.



San Gimignano, de lo más bonito que llevábamos de Italia
En ese momento del viaje, San Gimignano se colocó muy arriba en nuestro ranking de Italia. De hecho, seguramente entraba en nuestro top de lugares favoritos hasta entonces.
Todavía nos quedaban muchos pueblos, ciudades y rincones por descubrir, así que sabíamos que quizá con el paso de los días bajaría algún puesto. Pero eso no le quitaba mérito.
San Gimignano nos sorprendió muchísimo.
¿Recomendamos visitar San Gimignano?
Sí. Muchísimo.
Pero, si viajáis en camper, conviene mirar bien dónde aparcar antes de llegar, sobre todo si vais en fin de semana o en temporada alta. No nos pareció el pueblo más sencillo para aparcar con un vehículo grande cerca del centro, y el aparcamiento específico para autocaravanas quedaba bastante retirado.
Aun así, para nosotros mereció totalmente la pena.
Y si podéis verlo al atardecer o de noche, mejor todavía. Al menos por nuestra experiencia, San Gimignano gana muchísimo cuando baja el ritmo, se vacían las calles y las torres se iluminan.
Nosotros llegamos casi de casualidad y nos fuimos con uno de los recuerdos más bonitos de nuestra ruta por Italia.
