Hay viajes que no se planean demasiado… y aun así salen redondos.
Nuestra ruta por la provincia de Ciudad Real fue una de esas escapadas de cuatro días en las que mezclamos pueblos manchegos, atardeceres épicos, lluvia inesperada y paseos tranquilos con Jack, el pirata oficial de la DogVan.
Y sí… fue también la primera vez que dormíamos en Campo de Criptana sin Kira. Eso hizo que el comienzo fuese un poco más emotivo de lo habitual.



Campo de Criptana y sus molinos infinitos
Salimos tarde de casa y fuimos directos al cerro de los molinos. Dormimos en el parking que hay junto a ellos y vivimos, sin exagerar, uno de los mejores atardeceres y amaneceres que hemos visto.
Habíamos estado muchas veces, sí. Pero nunca habíamos visto ponerse el sol desde arriba. Y cambia todo.
Los molinos —entre ellos el mítico Burleta— son preciosos a cualquier hora, pero cuando el cielo se tiñe de naranja y el viento mueve suavemente el ambiente manchego… es otra historia.
Nos levantamos temprano para ver amanecer y paseamos después por el pueblo. Campo de Criptana es de esos lugares a los que siempre volvemos y siempre nos encaja. Jack recorriendo las calles como si fueran su territorio, marcando ritmo de paseo pirata.
Por cierto, en Campo de Criptana nos hacemos una recomendación: El restaurante Las Musas. Una cocina manchega buenísima y admiten perros.
Alcázar de San Juan, parada tranquila
De allí nos fuimos a Alcázar de San Juan. Paseo corto, sin grandes planes.
Nos acercamos al Torreón del Gran Prior, símbolo medieval de la ciudad, y dimos una vuelta tranquila por el centro.
Comimos junto a un campo de fútbol y seguimos ruta. Sin complicaciones. Sin prisa.







Puerto Lápice, puro encanto manchego
Intentamos parar en Herencia, pero se nos hacía tarde y queríamos llegar a Puerto Lápice. Es la tercera vez que vamos. Y nos sigue gustando igual.
La Plaza de la Constitución, con sus balcones de madera corridos y ese aire tan de mesón cervantino, tiene algo especial. No es un pueblo con mil cosas que ver, pero tiene personalidad. Muy de Ciudad Real. Muy auténtico.
Jack, como siempre, haciendo de las suyas por las callejuelas que desembocan en la plaza.
Daimiel y el intento fallido a Las Tablas
Queríamos visitar el Parque Nacional Las Tablas de Daimiel. Pero no admiten perros.
Y aunque entendemos que son normas de parque nacional, nos parece una pena que no se contemplen opciones responsables con perros atados. Así que vimos el cartel de “prohibido perros”… y media vuelta.
Dormimos en el área de autocaravanas de Daimiel, detrás de una residencia de mayores. Súper tranquila. Dormimos genial.
Por la mañana hice ejercicio, desayunamos con calma y disfrutamos de esos primeros días de septiembre en los que ya refresca al amanecer pero durante el día se está perfecto.


Almagro bajo la lluvia
En Almagro nos cayó la del pulpo.
Queríamos pasear con calma y acercarnos al mítico Corral de Comedias de Almagro, pero la lluvia nos dejó poco margen. Aun así, la Plaza Mayor, con sus soportales verdosos y su estructura enorme, sigue siendo de las más bonitas de Castilla-La Mancha.
Dormimos en el área de autocaravanas, práctica para cambios de aguas, aunque con bastante circulación al estar entre polígono y ciudad.
Nos queda pendiente volver a Almagro porque es pueblo más bonito de España, y aprovechar la visita para pasar por Villanueva de los Infantes.




Ciudad Real, segunda oportunidad
Decidimos darle otra oportunidad a Ciudad Real, porque en una visita anterior no nos había enamorado.
Trabajamos por la mañana y luego dimos un paseo tranquilo. Paramos a tomar café en Pan Real (muy recomendable: ambiente agradable y buen café).
La ciudad no es de grandes monumentos, pero a veces una segunda mirada cambia la sensación. O al menos la mejora.
Valdepeñas, noche de paso
La lluvia no paraba y teníamos otro viaje planificado días después, así que seguimos ruta. Dormimos en el área de autocaravanas junto al polígono de Valdepeñas. Parada técnica, noche tranquila y descanso correcto.






Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, el broche perfecto
Y el final fue de los que nos gustan. Las Lagunas de Ruidera nos regalaron un paseo precioso. Temperaturas más suaves, casi sin gente, silencio.
Recorrimos con la DogVan distintos puntos: miradores, el Chorro de las Minas, la Laguna del Rey… y paseamos largo rato con Jack, que iba feliz de punta a punta, explorando como buen perro pirata.
Estábamos prácticamente solos. Y eso, en un sitio así, no tiene precio.
Cuatro días, muchos contrastes
Fue una ruta sencilla, sin grandes pretensiones.
Molinos, plazas manchegas, lluvia, áreas tranquilas, cafés inesperadamente buenos y lagunas espectaculares.
Cuatro días de carretera que empezaron con un atardecer emotivo en Campo de Criptana —el primero sin Kira— y terminaron con Jack corriendo junto al agua en Ruidera.
Y así son nuestras rutas: sencillas, reales y siempre con un perro pirata marcando el camino.
La siguiente parada fue Guadalajara… pero esa ya es otra historia.
