Roma en camper con perro

Visitar Roma en camper con perro no es imposible, pero tampoco es un plan para improvisar demasiado.

Nosotros lo teníamos bastante claro: queríamos ver la ciudad, disfrutarla con Jack y, sobre todo, no pasar el día pendientes de si la furgo estaba bien o no.

Por eso decidimos dejar la DogVan en un parking de pago. Pagamos 36 euros en total por 24 horas: 30 euros de parking por camper de 6 metros, más las tasas correspondientes. Y sinceramente, nos pareció una buena decisión.

Había gente que había aparcado en otras zonas más alejadas o en lugares donde, seguramente, también se podía dejar la furgo. Pero nosotros preferimos pagar y estar tranquilos. Porque cuando viajas en camper, tu vehículo no es solo un vehículo. Es tu casa. Es donde duermes, donde trabajas, donde llevas tus cosas y donde está buena parte del viaje.

Y si quieres visitar una ciudad como Roma sin estar pensando todo el día en que te pueden abrir la furgo, robar algo o convertirte el viaje de tu vida en la peor pesadilla del viaje de tu vida, lo mejor que puedes hacer es buscar un parking de pago, un área segura, un camping o una opción que te permita olvidarte y disfrutar.

Sí, son 36 euros. Pero tienes 24 horas, puedes visitar la ciudad con calma, volver después, dormir allí y marcharte al día siguiente sin dramas. Y eso, en una ciudad como Roma, también forma parte del viaje. Además, incluye la luz y el cambio de aguas.

Del parking al centro de Roma

Nosotros llegamos por la mañana, sobre las 10 o las 11. Dejamos la furgo, cogimos lo necesario para Jack y nos fuimos directos al autobús. La parada estaba justo enfrente del parking y en unos 20 minutos estábamos en Plaza Venecia, una zona perfecta para empezar a caminar y meterte de lleno en Roma.

A partir de ahí, el plan fue sencillo: andar, dejarnos llevar y visitar la ciudad a nuestro ritmo. Sin mover la furgo, sin buscar aparcamiento, sin cruzar Roma con la camper, y sin tener la cabeza en otro sitio.

Volver a Roma más de una década después

La primera vez que estuvimos en Roma fue en 2012 (sin perro) y una de las cosas que más nos ha impactado al volver ha sido la cantidad de gente.

No es solo una sensación nuestra. En 2012, Roma rondaba los 12 millones de llegadas turísticas. En 2024 alcanzó los 22,2 millones y en 2025 llegó a los 22,9 millones. Es decir, prácticamente el doble. Y se nota. Se nota en las calles, en las plazas, y en los monumentos.

Nosotros ya conocíamos la ciudad de antes y eso, de alguna manera, nos permitió tomarnos esta visita de otra forma. No íbamos con la ansiedad de verlo todo por primera vez. No necesitábamos entrar en los monumentos. No teníamos esa presión de tachar lugares de una lista.

Pero si esta hubiera sido nuestra primera vez en Roma y nos hubiéramos encontrado con la cantidad de turistas que hay ahora, quizá nos habríamos pensado un poco más venir con Jack.

No porque Roma no se pueda visitar con perro, que se puede. Pero hay que hacerlo con cabeza.

Roma no se recorre

Roma te mezcla historia, ruinas, iglesias, plazas, motos, turistas y más de dos mil años de historia en cada esquina.

Cuando crees que ya has visto algo impresionante, giras una calle y aparece otro monumento. Vas caminando hacia una cafetería y te encuentras una iglesia espectacular. Cruzas una plaza y aparece una fuente. Doblas una esquina y te topas con unas ruinas que en cualquier otra ciudad serían la visita principal del día.

Roma con perro: posible, pero no siempre cómoda

Nosotros llegamos a Roma después de varias semanas recorriendo Italia con la DogVan y Jack, y si algo teníamos claro era que no queríamos sufrir la ciudad. Ni nosotros, ni él.

Roma es muy bonita, pero también puede ser intensa: mucho ruido, muchas motos, mucho turista, mucho calor y muchísimos kilómetros caminando.

Con Jack intentamos evitar las horas más duras, buscar zonas algo más tranquilas y parar cuando lo necesitábamos. Aun así, nuestro reloj marcó casi 27 kilómetros caminando, y eso, para un perro, es una barbaridad. (Aunque seguro que 10 de ellos fueron en Zara, donde paramos para refrescarnos los tres jejeje)

Porque nosotros hacemos 27 kilómetros, pero ellos, con las patas más cortas, dan muchísimos más pasos para recorrer la misma distancia. Por eso esta visita también nos confirmó algo que ya veníamos pensando durante el viaje: cuando viajas con perro, no se trata solo de pensar si un destino “se puede hacer” con perro. Se trata de pensar cómo lo va a vivir él.

Si es un perro pequeño, quizá puedas llevarlo en brazos, como es nuestro caso con Jack, o en una mochila durante algunos tramos. Y si es un perro mediano o grande, existen carritos especiales para perros que pueden ser muy útiles en ciudades como Roma, donde las distancias son largas, hay mucha piedra, mucho asfalto y no siempre encuentras un sitio tranquilo para parar.

Puede parecer exagerado antes de ir, pero cuando llevas todo el día caminando, con calor, gente y kilómetros acumulados, entiendes que no se trata de comodidad, sino de bienestar.

La Roma que vimos

Empezamos por Plaza Venecia y desde allí fuimos caminando por algunos de los lugares más conocidos de la ciudad.

El Coliseo impresiona aunque ya lo hayas visto antes. El entorno del Foro Romano te recuerda que estás caminando por una ciudad que fue el centro del mundo. La Fontana di Trevi sigue siendo preciosa, aunque también es uno de esos lugares donde cuesta moverse entre tanta gente. Plaza de España, el Panteón, las calles del centro, las iglesias, las plazas, los rincones que aparecen sin buscarlos…

Todo en Roma parece tener una historia detrás y quizá eso es lo que más nos gusta de la ciudad, que incluso cuando no estás visitando nada concreto, sigues sintiendo que estás dentro de algo enorme.

Por cierto, en la Fontana di Trevi ahora puedes pagar 2€ para bajar la escalinata, hacerte una foto y tirar la moneda al agua. Nosotros íbamos con intención de pagarlos para que Jack estuviese más cómodo con menos gente, pero cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que abajo había más personas que arriba…

Finalmente hicimos las fotos desde arriba y seguimos caminando entre calles.

Lo que más nos sorprendió esta vez

Más allá de los monumentos, lo que más nos sorprendió fue el contraste entre la Roma que recordábamos y la Roma que encontramos ahora.

En 2012 había turismo, claro, pero esta vez la sensación fue distinta. Había muchísima más gente que hace 14 años y eso con perro, se nota más.

Porque tu perro no entiende que está delante de un monumento histórico. Él solo nota el calor, los ruidos, las piernas pasando cerca, los niños, las motos, el suelo caliente y la energía del lugar. Por eso creemos que haber conocido Roma antes nos ayudó mucho. Nos permitió no exigirle demasiado a la visita y nos permitió disfrutarla sin sentir que teníamos que verlo todo.

Roma también se disfruta sin entrar en los monumentos

Esta vez no planteamos Roma como una visita de entrar a todos los sitios. Con perro, eso cambia bastante porque muchas visitas interiores no son compatibles y, además, en una ciudad tan llena de gente, tampoco nos apetecía estar todo el día separándonos, esperando turnos o buscando soluciones complicadas.

Así que decidimos disfrutar Roma desde fuera. Paseando, mirando, parando, callejeando.

Una ciudad preciosa, pero exigente

¿Nos gustó Roma? Sí. Mucho.

No es el tipo de destino tranquilo que solemos buscar cuando viajamos con la camper y menos con Jack.

Hay que saber parar, aceptar que no vas a verlo todo, evitar las horas más duras y entender que, a veces, el mejor plan no es llegar a otro monumento más, sino sentarte en una plaza tranquila y dejar que el perro descanse.

Así pues, si estás pensando en visitar Roma con perro, en el próximo post te dejaremos nuestros consejos prácticos para organizar la visita: dónde aparcar, cómo moverte, qué tener en cuenta con el calor, las fuentes de agua, los kilómetros, las aglomeraciones y todo eso que a nosotros nos habría venido bien saber antes de llegar.

Para a quien le interese, el parking donde aparcamos es este:

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