Esta quinta semana en Italia ha sido probablemente la más extraña de todo el viaje. Empezó con dos de los lugares que más nos han impresionado hasta ahora y terminó siendo una semana marcada por el calor, los kilómetros y la adaptación a las circunstancias.


Matera
La semana arrancó en Matera, uno de esos lugares que te dejan sin palabras. No vamos a extendernos mucho porque tendrá su propio post, pero sí podemos decir que se ha convertido en uno de nuestros grandes descubrimientos del viaje. Sus calles, sus rincones excavados en la roca, el ambiente nocturno y la sensación constante de estar descubriendo algo nuevo hicieron que entrara directamente en nuestro ranking personal de lugares favoritos.



Alberobello
Al día siguiente llegamos a Alberobello. La primera impresión fue mala, muy mala. Habíamos aparcado lejos de la zona principal y estuvimos a punto de pensar que estaba completamente sobrevalorado. Por suerte seguimos caminando y acabamos encontrando la parte que realmente hace famoso a este pueblo. Los trulli, las calles de piedra, los restaurantes y el ambiente terminaron conquistándonos. También tendrá su propio post porque merece la pena contarlo con calma.
A partir de ahí la semana cambió completamente de ritmo
El calor ya había empezado a apretar de verdad y, como has visto, las fotos de Matera y Alberobello son nocturnas. Eso se debe a que tuvimos que adaptar nuestras visitas a las últimas horas del día para que Jack estuviera cómodo. Durante varios días no pudimos visitar pueblos por la mañana. Trabajábamos, buscábamos sombra, aprovechábamos áreas de autocaravanas y esperábamos a que bajara la temperatura antes de salir a pasear.
Además, a mitad de semana Arantxa tuvo un episodio de vértigos que nos obligó a parar por completo. Habíamos planeado seguir avanzando, pero el cuerpo tenía otros planes. Nos quedamos toda la tarde descansando en un área de autocaravanas hasta que al día siguiente se encontró mejor. Son cosas que también forman parte de los viajes largos y que rara vez aparecen en las fotos.


Lugares de paso
Pasamos por lugares como Termoli, Fano, Atri o San Marino. Algunos nos gustaron más que otros, pero ninguno consiguió acercarse a las sensaciones que nos habían dejado Matera y Alberobello.
San Marino nos regaló unas vistas espectaculares desde su fortaleza, especialmente al anochecer, aunque no terminó de conquistarnos tanto como esperábamos.



El final de la semana tuvo un protagonista inesperado: el motor
A final de semana hicimos parada en Tavullia, el pueblo de Valentino Rossi. Para nosotros no era una visita turística cualquiera, sino una pequeña ilusión que llevábamos muchos años esperando cumplir. Ver desde lejos el Rancho donde entrenan muchos pilotos (Bagnaia, Marini o Bezzecchi) y llegar al famoso cartel del pueblo nos hizo sonreír como niños pequeños.
En resumen, una semana muy diferente a las anteriores. Menos monumentos y más vida real. Mucho calor, kilómetros, trabajo, algún susto con la salud y varias jornadas adaptándonos a las necesidades de Jack y a las altas temperaturas. Pero también una semana que empezó con dos lugares que difícilmente vamos a olvidar.
Y ahora seguimos rumbo al norte, acercándonos poco a poco a Francia y volviendo a casa.
Spoiler: La ola de calor nos está afectando y la semana está siendo más o menos como la anterior.
