Primera semana rumbo a Italia con la DogVan

Hay viajes que empiezan con épica, y luego está el nuestro, que empezó cruzando la frontera hacia Francia con lluvia y preguntándonos una cosa bastante seria: ¿Llegaremos realmente a Nápoles?

Porque sí, esta vez no estamos haciendo una escapadita cerca de casa.
Esta vez estamos lejos. Pero lejos de verdad. Y cuando viene lluvia no puedes decir “bah, nos volvemos”. Aquí toca adaptarse, seguir currando, mover la camper y asumir que el agua forma parte del viaje.

Y Francia nos ha recibido exactamente así: lluvia, pueblos pequeños y una tranquilidad que da hasta respeto.

Francia y el silencio raro ese que tienen

Lo primero que nos sorprendió fue el silencio.
Pero silencio real. Puedes tener una plaza llena de gente comiendo y lo único que escuchas son murmullos y tenedores chocando contra platos. Venimos de España y aquello nos parecía una biblioteca gigante al aire libre.

La primera parada fue Saint-Jean-de-Luz, donde dormimos en un parking con plazas para campers junto a un centro comercial. Llovía, dimos un paseo corto y empezamos a notar que Francia iba a otro ritmo.

Pueblos medievales, lluvia y muchas fotos

En Dax nos encontramos una fuente termal donde el agua salía a más de 60 grados. Metimos la mano y parecía una olla. Además olía fuerte, muy mineral, como a agua termal antigua. Bastante surrealista.

Después llegaron pueblos como Fourcès, probablemente uno de los sitios que más nos ha gustado hasta ahora. Un pueblo medieval diminuto, circular, bonito hasta decir basta y tan tranquilo que daba miedo hablar alto. De esos sitios que ves en 20 minutos… pero donde haces 200 fotos.

También pasamos por Lupiac, el pueblo de D’Artagnan. Allí descubrimos la estatua del famoso mosquetero y una curiosa historia relacionada con el último lobo de la zona. Y sí, nos hizo ilusión absurda porque Arantxa tuvo una tortuga llamada Dartacán. Francia profunda.

Y luego apareció Sarrant, otro de esos pueblos que parecen un decorado medieval. Entrabas por una puerta amurallada y dentro todo eran casas de piedra formando círculos. El problema: cero cobertura. Absolutamente nada. Francia medieval para lo bueno y para lo malo.

Cafés caros, croissants y vida camper real

Entre medias también hubo cafés caros, un croissant malísimo y otro espectacular, carreteras estrechas, cambios de planes constantes y muchos momentos de “da igual, mañana seguimos”.

A veces el plan cambia porque llueve.
O porque estás cansado.
O porque tienes que limpiar depósitos.
O porque simplemente no te apetece conducir una hora más para dormir peor.

Y no pasa nada.

Jack manda

Y hablando de adaptación… Jack está llevando el viaje muchísimo mejor de lo que esperábamos.

No nos han pedido absolutamente nada de él ni en la frontera ni en el primer camping. Ni una pregunta. Y en buses y metro por Toulouse tampoco hemos tenido problemas.

Pero también hemos aprendido algo importante en Toulouse: no vamos a meter a Jack en ciudades porque sí.

En buses, metro y zonas con mucha gente lo hemos notado bastante más incómodo y asustado. No ha pasado nada grave, él iba bien, en brazos de Miguel o paseando tranquilamente, pero sí hemos visto que tanta gente, movimiento y estímulos lo agobian. Y sinceramente, a nosotros también.

Somos bastante sensibles a ese tipo de ambientes y al final viajar con Jack significa pensar también en cómo se siente él.

Así que sí, veremos ciudades durante el viaje… pero solo las que realmente nos apetezca muchísimo conocer y sintamos que merecen el 100%.

Si no, preferimos mil veces un pueblo tranquilo, una plaza silenciosa o una noche perdida en cualquier área de autocaravanas de Francia.

Toulouse: bien, pero sin volvernos locos

La última parada de esta primera semana ha sido precisamente Toulouse. Y sinceramente… está bien, pero tampoco nos pareció una ciudad imprescindible.

Mucho ambiente, muchas tiendas, bares, restaurantes y una zona muy bonita alrededor del Capitolio y el río, pero poco más. En media mañana ya habíamos visto lo imprescindible. Además, no pudimos entrar en el Capitolio ya que no aceptan perros, pero os somos sinceros: tampoco hubiésemos entrado porque la cola daba la vuelta a la plaza, y no es pequeña.

Eso sí, necesitábamos hacer colada, descansar, y tocaba ver las motos.

El camping en el que estuvimos, la Camping Le Rupé, cumple para pasar unos días y descansar, pero tampoco es ninguna maravilla. Algo descuidado, aunque práctico para visitar la ciudad.

Seguimos rumbo a Italia

Y ahora toca seguir rumbo a Italia. Seguimos rumbo a Nápoles. Allí nos espera una amiga y aprovecharemos para visitar Pompeya.

¿Llegaremos?

Os lo seguimos contanto en próximos posts.

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