Primera semana en Italia

Después de varias semanas recorriendo Francia, por fin cruzamos la frontera hacia Italia.

Y la verdad es que esta primera semana italiana ha sido una mezcla curiosa de sorpresas, pueblos preciosos, carreteras imposibles, restricciones para autocaravanas y alguna que otra situación de estrés que no esperábamos encontrarnos.

Dolceacqua, la gran sorpresa

Nuestra primera gran parada fue Dolceacqua.

Y vaya manera de empezar.

Llegamos sin demasiadas expectativas después de recorrer una costa que, sinceramente, no nos estaba diciendo gran cosa. Pero de repente apareció este pueblo y nos dejó completamente descolocados.

Dolceacqua tiene algo especial.

Sus calles parecen pasadizos excavados entre las casas. Hay zonas donde apenas entra el sol y la sensación es casi la de caminar por pequeñas cuevas de piedra. No es un pueblo perfectamente restaurado ni parece preparado para Instagram. De hecho, parte de su encanto está precisamente ahí.

Tiene carácter.

Tiene historia.

Y tiene esa sensación de autenticidad que cada vez cuesta más encontrar en los destinos turísticos.

Después de visitar algunos de los pueblos más bonitos del sur de Francia, no esperábamos que uno de los lugares que más nos sorprendiera estuviera precisamente aquí.

Incluso nos tomamos un café en una pequeña plaza escondida donde Miguel intentó decirle a las camareras que el café estaba muy bueno y casi termina con otro café encima porque entendieron que quería repetir.

Uno de esos momentos absurdos que terminan formando parte del viaje.

Tendrá su post especial, con video incluído.

Liguria: bonita, pero complicada para viajar en camper

Después de Dolceacqua llegó probablemente la parte más frustrante de la semana.

Toda la zona entre Ventimiglia, San Remo, Imperia y buena parte de la costa de Liguria nos resultó muy complicada para viajar en camper.

Prohibiciones para autocaravanas.

Aparcamientos imposibles.

Puntos de parada muy limitados.

Y una sensación constante de estar buscando dónde detenernos sin encontrar nunca un lugar adecuado.

Hubo incluso un momento en el que el GPS decidió meternos por una carretera tan estrecha que terminamos pasando un rato bastante malo. De esos momentos en los que el copiloto deja de hablar y solo espera que la siguiente curva no sea todavía peor que la anterior.

Por suerte conseguimos salir de allí sin mayores problemas.

Pero fue uno de esos episodios que te recuerdan que viajar en camper no siempre son atardeceres bonitos y cafés frente al mar.

Noche de tormenta en Rossi

Terminamos encontrando un lugar para dormir en Rossi, entre San Lorenzo al Mare y Arma di Taggia.

El sitio parecía perfecto.

Tranquilo.

Silencioso.

Ideal para descansar.

Hasta que a la una de la madrugada empezó una tormenta eléctrica espectacular.

Truenos.

Relámpagos.

Lluvia.

Durante aproximadamente una hora.

Cuando todo pasó, el silencio volvió y pudimos dormir tranquilos el resto de la noche.

El área cumplía para pasar la noche, aunque el punto de aguas merece una mención especial.

Fue probablemente uno de los cambios de aguas más desagradables que hemos encontrado durante el viaje. El grifo daba tan poca confianza que terminamos limpiándolo con lejía antes de utilizarlo.

Finale Borgo y el baño que nos salvó el día

Intentamos parar en Laigueglia, pero volvimos a encontrarnos con restricciones y aparcamientos poco prácticos para una camper.

Así que continuamos hasta Finale Borgo. Es bonito. Está cuidado. Y entendemos perfectamente por qué aparece en muchas listas de pueblos recomendados.

Pero después de Dolceacqua no consiguió sorprendernos demasiado.

La mejor parte del día llegó poco después.

En una pequeña playa de piedra cerca de Spotorno conseguimos aparcar la DogVan en una esquina y darnos un baño rápido.

Quince minutos.

Nada más.

Pero suficientes para que nosotros y Jack soltáramos buena parte de la tensión acumulada durante los últimos días.

A veces un baño de quince minutos vale más que cualquier monumento.

Noli, el pueblo que se quedó pendiente

Uno de los lugares que más nos llamó la atención desde la carretera fue Noli.

Tenía una pinta espectacular. El problema fue el mismo de toda la semana. No encontramos dónde parar.

Y después de varios días peleándonos con aparcamientos y restricciones, simplemente no nos quedaban ganas de seguir dando vueltas.

Así que quedó apuntado para otro viaje.

Génova, la parada que necesitábamos

Después de varios días de frustración decidimos cambiar de estrategia.

Aparcamos la DogVan cerca de un campo de fútbol, cogimos un autobús y nos plantamos en Génova en apenas cinco minutos.

Y fue justo lo que necesitábamos. Nos gustó bastante más de lo que esperábamos. Más incluso que Toulouse. No porque sea una ciudad perfecta, ni porque esté especialmente cuidada para el turismo.

Nos gustó porque tiene personalidad. Porque alterna grandes avenidas con callejones estrechos. Porque mezcla zonas oscuras y tranquilas con plazas llenas de vida. Y porque, para ser un sábado por la tarde, había mucha menos gente de la que imaginábamos.

Nos sorprendió muchísimo.

También visitamos la zona del puerto y vimos el famoso galeón que aparece en muchas fotografías de la ciudad. Eso sí, hacer una foto limpia resulta complicado porque coches, motos y tráfico forman parte del paisaje cotidiano. Y quizá eso también forma parte del encanto de Génova.

Es una ciudad real, no un decorado.

Viajar en autobús con perro en Génova

Otra sorpresa positiva fue el transporte público.

Subimos al autobús con Jack y nadie puso ninguna pega. Todo fue sencillo y natural. Lo curioso fue descubrir cómo funcionaba el sistema de pago.

El conductor no cobra, no revisa billetes, no espera a que pases por ninguna máquina. Simplemente abre las puertas y la gente entra.

Al final una chica nos ayudó a descargar la aplicación y nos enseñó cómo comprar los billetes.

Pagamos 4 euros en total para los dos y nos sirvieron tanto para la ida como para la vuelta gracias al sistema de transbordos. La verdad es que nos facilitó muchísimo la visita.

La gran advertencia para campers y autocaravanas

Si tenemos que dejar una recomendación importante después de esta primera semana en Italia es esta: No todo lo que aparece en Park4Night es apto para campers y autocaravanas, y creemos que merece la pena decirlo claramente.

Durante estos días intentamos acceder a varios lugares recomendados en la aplicación que se alejaban de la costa y se adentraban hacia el interior.

La experiencia fue bastante mala.

Carreteras extremadamente estrechas, curvas cerradas, cruces imposibles, y situaciones que generan muchísimo estrés al volante.

La gota que colmó el vaso llegó cuando intentamos buscar una alternativa cerca de Sestri Levante.

Seguimos una recomendación de pernocta publicada en la aplicación y terminamos subiendo por unas carreteras que, sinceramente, no consideramos aptas para campers ni autocaravanas.

Nuestra sensación es que muchos de esos lugares han sido publicados por usuarios que viajan en coche, y creemos que sería muy útil que se indicara claramente el tipo de vehículo con el que se ha accedido.

Porque una cosa es que un coche llegue sin problema, y otra muy distinta es hacerlo con una camper o una autocaravana.

Después de varios intentos hemos llegado a una conclusión muy clara: Si viajas en camper por esta parte de Liguria, desconfía un poco de cualquier punto que se aleje de la costa y obligue a subir por carreteras secundarias de montaña.

Sobre el mapa parecen una gran idea.

En la realidad pueden convertirse en uno de los peores momentos del viaje.

Conclusión

Italia nos está gustando. Mucho. Dolceacqua nos enamoró. Génova nos sorprendió. La costa tiene rincones preciosos.

Pero esta primera semana también nos ha recordado que viajar en camper no consiste solo en visitar sitios bonitos. A veces consiste simplemente en encontrar un lugar donde aparcar sin sufrir un infarto por el camino.

Y sinceramente, esta semana hemos tenido más de una situación en la que hemos pensado: «Vale, el sitio será precioso… pero no volvemos a subir por aquí ni aunque nos regalen la pizza.»

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