Primera Parte de Nuestra Ruta por Alicante

La provincia de Alicante siempre tiene un “algo”, pero esta vez decidimos atravesarla de norte a sur por su interior. Y oye… menuda sorpresa. No por todo —que también hubo decepciones— pero sí por lo bonito, lo cuidado y lo bien que se viaja por aquí con la DogVan y con Jack, que, por cierto, intentó mearse en cada árbol de Navidad que encontró. Tradición ya, al parecer.

Villena: bienvenida nocturna y cero turistas

Nuestra primera parada fue Villena. Teníamos intención de ver el castillo con calma, justo al atardecer, pero un problemilla con la manilla del WC de la DogVan nos retrasó lo suficiente para que se nos hiciera de noche. Total, que subimos de noche igualmente.
Y mira, qué maravilla: iluminación espectacular, ni un alma, y la sensación de tener el castillo para nosotros solos.
Dato de interés: el Castillo de la Atalaya es del siglo XII y ha visto pasar árabes, cristianos y más reformas que una casa de pueblo. Pero no permiten perros, así que lo disfrutamos desde fuera, como siempre hacemos cuando Jack no es bienvenido.

Biar: limpieza nivel quirófano

Esa misma noche dormimos en Biar y lo visitamos por la mañana. Y aquí sí que… madre mía.
Un pueblo limpísimo, cuidado al detalle, escaleras restauradas como si las hubiesen terminado ayer, fachadas preciosas y un ambiente súper agradable.

Jack encontró su primer árbol de Navidad hecho con botellas de vino. Lo miró con un respeto que no suele mostrar y, milagrosamente, no intentó marcarlo.
Subimos hasta el castillo —que por cierto, es del siglo XII y formó parte de la frontera entre los reinos de Castilla y Aragón— y aunque entramos, al llegar a la torre: pegatina de “Perro No”. Así que fotos rápidas y a la DogVan.

Aun así, Biar se quedó altísimo en el ranking por lo cuidado que está.

Bocairent: decepción sorpresa

Sí, nos salimos un poco de Alicante para cruzar a Valencia… pero es que Bocairent lo merecía.
Al llegar de noche, la primera impresión fue flojita. Pero de repente vimos un arco, lo cruzamos… y zas: barrio medieval, callejuelas empedradas, silencio total y decoración navideña en cada fachada.
Un acierto visitarlo de noche, porque tenía un encanto especial. Guardamos muy buen recuerdo.

Alcoy: ciudad entre montañas (y café inolvidable)

A la mañana siguiente tocó trabajar un rato (sí, sí, también curramos).
Por la tarde nos fuimos a Alcoy, ciudad encajada entre dos montañas, tan encajada que no ves el horizonte por ningún lado. Y nos recordó muchísimo a callejear por Bilbao.

Nos refugiamos del frío en una cafetería petfriendly, donde tomamos un café espectacular. (Aquí puedes poner el nombre si luego me lo dices).
Después, vuelta a la DogVan, con parada épica en una gasolinera donde el gasoil estaba a 1,189 €. Eso en el mundo camper es como ver un unicornio.

Al día siguiente despertamos con unas vistas increíbles a las montañas llenas de pinos y nos fuimos a Guadalest. Pero eso os lo contamos en otro post especial, ya que es uno de los pueblos más bonitos de España, y eso lo merece.

Y hasta aquí, la primera parte de nuestra ruta por Alicante.
En la siguiente entrega os enseñaremos la costa. Aunque nos cayó algo de agua, disfrutamos muchísimo corriendo los tres entre playas y calas alicantinas.
Que sí, que la lluvia moja, pero… ¡cómo nos lo pasamos!

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