Porto Venere

Después de decidir que Cinque Terre se quedaba para otro viaje, nos encontramos con la posibilidad de visitar Porto Venere, y menos mal que no nos lo saltamos también.

La verdad es que dudamos bastante.

Habíamos leído que el aparcamiento no era precisamente fácil y, además, desde el parking había que caminar unos 15 o 20 minutos hasta el pueblo. Así que nuestra estrategia fue muy sencilla: «Vamos, miramos cómo está el parking y, si vemos que es un desastre, nos damos la vuelta y seguimos ruta».

Ya hemos aprendido que cuando viajas en camper a veces es mejor cambiar de plan que pasarte una hora buscando dónde meter seis metros de vehículo.

Pero esta vez salió bien.

Encontramos sitio en el parking para autocaravanas, pagamos unos 4 euros por casi dos horas y nos pusimos a caminar.

Lo curioso es que al minuto ya empiezas a ver el mar, los barcos y parte del entorno, así que realmente el paseo se hace bastante ameno.

La única pega llegó después. Porque la ida es prácticamente cuesta abajo, y claro… la vuelta no. La vuelta fue una bonita cuesta arriba que, por suerte, se hizo bastante más llevadera de lo que esperábamos porque aquella tarde habían bajado un poco las temperaturas y ya no estábamos derritiéndonos como en otros días.

El típico sitio donde no sabes hacia dónde mirar

Llegamos al pueblo y empezamos a pasear sin rumbo fijo.

Casas de colores, barquitos, terrazas, calles estrechas, y ese ambiente italiano que parece que sale solo cuando estás cerca del mar.

Mientras nosotros hacíamos fotos a las fachadas y a los barcos, Jack estaba centrado en asuntos mucho más importantes.

Analizar olores y comprobar quién había pasado por allí.

La zona de la iglesia parece sacada de una película

Si hay una imagen que nos llevamos de Porto Venere es la de la iglesia de San Pietro.

La ubicación es una barbaridad. Las rocas, el mar golpeando abajo, los acantilados, los veleros pasando por delante, y unas vistas que parecen irreales.

Nos recordó muchísimo a Juego de Tronos.

De hecho, si alguien nos hubiera dicho que alguna escena se grabó allí, probablemente nos lo habríamos creído.

Tiene ese aire de fortaleza al borde del mundo donde perfectamente podrían estar los Lannister preparando alguna de sus historias, o Daenerys aterrizando con los dragones.

Y hablando de dragones… Hubo un momento en el que no nos habría extrañado que uno apareciera por allí y se llevara a Jack volando. Sobre todo después de que una gaviota decidiera declararnos la guerra.

Porque sí.

Arantxa apoyó la mano tranquilamente sobre una piedra para hacer una foto, y cuando la levantó tenía un regalo recién entregado por una gaviota.

Justo después escuchamos una que parecía estar riéndose desde algún sitio y todavía estamos convencidos de que fue ella.

¿Merece la pena visitar Porto Venere?

Muchísimo, sobre todo porque llegamos sin esperar demasiado y nos encontramos uno de los pueblos que más nos han gustado de todo el viaje.

No es enorme, no necesitas dedicarle un día entero, pero tiene algo especial.

Entre las casas de colores, el puerto, las vistas y ese ambiente relajado junto al mar, Porto Venere consiguió algo que no todos los pueblos consiguen cuando llevas semanas viajando: que dejáramos de mirar el mapa durante un rato.

Y eso, cuando viajas constantemente pensando cuál será la próxima parada, vale mucho más de lo que parece.

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