Por qué nos saltamos Cinque Terre viajando con perro

Hay lugares que aparecen una y otra vez cuando empiezas a preparar un viaje por Italia, y Cinque Terre es uno de ellos.

Cinco pueblos de colores colgados sobre los acantilados de Liguria, casas frente al mar, barquitos, calles estrechas, miradores y miles de fotos preciosas.

Vamos, el típico sitio que parece que tienes que ver sí o sí, y nosotros estuvimos a punto de hacerlo. Pero al final decidimos saltárnoslo.

Sí.

Hemos venido hasta aquí y nos hemos saltado Cinque Terre.

No porque no merezca la pena

Antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, lo aclaramos: no nos saltamos Cinque Terre porque pensáramos que no merece la pena. Todo lo contrario.

Varios amigos nos lo habían recomendado y todos nos decían lo mismo: que era una maravilla, que era espectacular y que, si estábamos por la zona, teníamos que ir.

Y sinceramente, nos lo creemos. No tenemos ninguna duda de que Cinque Terre merece muchísimo la pena.

Pero a veces viajar no consiste en hacer todo lo que merece la pena, a veces consiste en elegir qué merece la pena para ti en ese momento. Y en nuestro caso, ese “ti” incluye a Jack.

Cinque Terre estaba en nuestra ruta

Cinque Terre estaba en nuestra ruta por Liguria, pero decidimos dejarlo para otra ocasión.

La idea inicial era bastante sencilla: buscar un sitio donde dejar la camper, coger el tren y movernos entre los pueblos durante el día. Porque visitar Cinque Terre en camper no parece precisamente el plan más cómodo del mundo.

Calles estrechas, aparcamientos complicados y pueblos donde lo lógico es llegar en tren, no intentar meter la DogVan como si estuviéramos jugando al Tetris nivel experto.

Así que nos pusimos a mirar opciones, y entonces llegó la parte divertida: echar cuentas.

Lo primero: el presupuesto

Entre el parking para la camper, los trenes para nosotros y el billete de Jack, la excursión se nos acercaba fácilmente a los 150 euros, en un día. Porque Jack, por cierto, también paga como un niño.

Porque claro, viaja con nosotros, opina poco, pero tenemos que decidir junto a él.

Aun así, el dinero no fue el motivo principal.

De hecho, si Cinque Terre es tan bonito como nos han contado, seguramente ese dinero esté bien invertido.

El problema no era solo pagar, el problema era pagar para vivir una experiencia que, quizá, no íbamos a disfrutar como se merece.

El verdadero motivo tenía cuatro patas

Pero la razón principal para saltarnos Cinque Terre fue Jack.

Y es que quien viaja con perro sabe perfectamente que las decisiones cambian, no porque ellos sean una carga, ni porque viajar con perro sea un problema.

Al contrario.

Cambian porque forman parte del viaje, y si forman parte del viaje, también tenemos que pensar en cómo van a vivir ellos cada experiencia.

Jack disfruta muchísimo de los paseos tranquilos, de las playas poco concurridas, de las calas escondidas, de los sitios donde puede caminar sin demasiado agobio. Pero no disfruta igual entre multitudes, y nosotros lo sabemos.

Mucha gente, trenes llenos y demasiado movimiento

Durante los días previos estuvimos buscando información sobre cómo visitar Cinque Terre en estas fechas. Leímos opiniones, vimos vídeos, consultamos experiencias de otros viajeros.

Y había algo que se repetía constantemente:

  • Muchísima gente.
  • Trenes llenos.
  • Calles abarrotadas.
  • Colas.
  • Y bastante movimiento durante gran parte del día.

Para muchas personas eso no supone ningún problema, pero nosotros no viajamos solos, viajamos con Jack. Y sabíamos que meterle en un día de trenes, aglomeraciones, calles llenas y calor no era precisamente el mejor plan para él.

Porque seamos sinceros, si a nosotros también se nos pone el ojo torcido cuando vemos una cola kilométrica, como para pedirle a Jack que encima lo gestione con elegancia.

Viajar con perro también es saber decir que no

Esta es una de esas cosas que se aprenden viajando.

A veces hay que decir que no, aunque el sitio sea precioso, aunque todo el mundo te diga que merece la pena, aunque estés cerca, aunque en redes parezca que te estás perdiendo algo imprescindible.

Porque viajar con perro no consiste en tachar destinos de una lista, consiste en compartir el viaje, y compartir el viaje significa pensar en todos.

También en el que no puede decirte con palabras que está cansado, agobiado o que preferiría estar oliendo una playa tranquila en vez de esperando un tren lleno de turistas.

No era un no, era un ahora no

Lo que más claro tuvimos fue que no estábamos diciendo que no a Cinque Terre para siempre. Tan solo estábamos diciendo que no a visitarlo así, en estas fechas, con tanta gente, con tanto movimiento y con la sensación de que íbamos a arrastrar a Jack a un plan que, probablemente, no iba a disfrutar.

Porque las Cinque Terre no se van a mover. Los pueblos seguirán ahí. El mar seguirá ahí. Las casas de colores seguirán ahí. Y nosotros podremos volver en otro momento.

Quizá en temporada baja. Quizá con menos gente. Quizá cuando podamos recorrerlo con más calma y sin convertir el día en una gymkana de trenes, turistas y “cuidado con el perro”.

Esta vez elegimos otro camino

Así que seguimos ruta. Con un poco de pena, sí. Porque apetecer, nos apetecía.

Pero también con la tranquilidad de haber tomado una decisión coherente con nuestra forma de viajar.

Puede que nos hayamos perdido uno de los lugares más famosos de Italia, pero también evitamos un día de estrés, aglomeraciones y gasto elevado que quizá no habríamos disfrutado como se merece.

Y al final, eso también forma parte del viaje:

Elegir.

Renunciar.

Cambiar de plan.

Y entender que no pasa nada por dejar sitios pendientes.

Viajar con perro no consiste en verlo todo

Si algo nos está enseñando viajar con Jack es que los mejores planes no siempre son los más famosos.

A veces son los más tranquilos, los más sencillos, los que no salen en todas las guías, los que permiten que todos disfrutemos, no solo nosotros.

Por eso esta vez nos saltamos Cinque Terre.

Nos lo saltamos porque viajamos con perro y porque el viaje también es suyo.

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