Pisa era una de esas paradas obligatorias en nuestro viaje por Italia.
Los padres de Arantxa habían estado hacía dos años y una amiga ya nos había avisado de que Pisa era la plaza y poco más. Así pues, fuimos exactamente con esa idea: aparcar, acercarnos a ver la torre, hacer una foto, volver a la furgo y seguir ruta.
Spoiler: la Torre nos hizo bastante más ilusión de la que esperábamos.


Llegar a Pisa en camper: aparcar fácil… si llegas tarde
Nosotros llegamos a Pisa a última hora de la tarde, entre las seis y las siete. Y eso fue, probablemente, lo que nos salvó de vivir un pequeño infierno camper.
Fuimos directamente a un parking enorme que estaba a unos 10 o 15 minutos andando de la Piazza dei Miracoli, donde se encuentra la famosa Torre de Pisa. En teoría, era un parking pensado para coches, no para campers. Pero estaba prácticamente vacío, había poquísimos coches y vimos otra camper aparcada, así que hicimos lo que se hace en estos casos: mirar alrededor, valorar la situación y decir “pues aquí mismo”.
La idea inicial incluso era dormir allí.
Aparcamos sin ningún problema y nos fuimos andando hacia la Torre. La zona estaba muy tranquila, no había casi gente por las calles y el paseo hasta la plaza fue cómodo. Pero ojo: esto fue porque llegamos tarde.
A otra hora del día, especialmente en temporada alta o a media mañana, imaginamos que la historia puede ser bastante diferente. Pisa recibe muchísima gente y la Torre es uno de esos lugares donde todo el mundo quiere parar, aunque sea media hora, para hacerse la foto.
Así que nuestro consejo, si vas en camper y no quieres acabar con el volante incrustado en la frente, es claro: ve a última hora de la tarde.
La Piazza dei Miracoli: sí, es muy turística, pero también es preciosa
Llegamos andando a la Piazza dei Miracoli y, aunque en la plaza sí había bastante gente, la sensación fue buena.
La Torre de Pisa es una de esas cosas que has visto mil veces en fotos, vídeos, libros, camisetas, imanes y hasta en memes. Y aun así, cuando la ves delante, hace ilusión.
Nos pasó a los tres.
Es verdad que es más pequeña de lo que imaginábamos. No sabemos por qué, pero nos esperábamos una torre gigantesca, descomunal, casi rollo “monumento que domina el mundo”. Y luego llegas y dices: “Ah, pues no es tan grande”.
Pero también es más bonita de lo que esperábamos.
El mármol, la inclinación, la forma, el conjunto con la Catedral y el Baptisterio… todo está muy cuidado y la plaza tiene ese punto de postal italiana que, aunque sea turística, funciona muy bien.



No hicimos la típica foto sujetando la Torre. Ni de coña
Vamos a decirlo claro: la plaza estaba llena de gente haciendo la típica foto sujetando la Torre de Pisa.
Nosotros lo sentimos mucho, pero no.
Ni de coña íbamos a pasar por eso.
Nosotros preferimos buscar un punto donde hubiera menos gente, hacer una foto bonita de Jack, otra nuestra, contemplar la Torre un rato y disfrutarla sin montar el numerito.
Angelo Caduto: la escultura que parece antigua, pero no lo es
Una de las cosas que más nos sorprendió de la plaza fue una escultura tumbada que hay junto al conjunto monumental.
A primera vista parece que lleva allí toda la vida. Tiene ese aspecto de pieza antigua, casi romana, como si alguien la hubiera encontrado excavando y la hubiera dejado ahí, tirada con toda la intención del mundo.
Pero no.
La escultura se llama Angelo Caduto y es obra del artista Igor Mitoraj. Es una pieza contemporánea, realizada en 2012, que llegó a Pisa vinculada a una exposición y que terminó quedándose en la plaza. Y la verdad es que encaja muchísimo.
Tiene ese punto raro de arte moderno que no molesta, que no parece metido con calzador y que consigue dialogar bastante bien con todo lo que tiene alrededor. Está ahí, tumbada, como si hubiera caído del cielo o de la propia Torre.
A nosotros nos llamó mucho la atención porque, si no sabes nada, puedes pensar perfectamente que es una pieza antiquísima. Y luego descubres que no, que es bastante reciente, y todavía te parece más curioso.

Pisa con perro: cómoda si no hace demasiado calor
Nosotros fuimos a primeros de junio y todavía se podía estar bastante bien.
Hacía algo de calor, sí, pero nada exagerado. Nada que ver con el calor brutal que hemos sufrido después en otras zonas de Italia.
Con Jack fue una visita cómoda.
El paseo desde el parking hasta la plaza no fue largo, la temperatura era razonable y, al ser tarde, no había el agobio de las horas centrales del día. En la plaza sí había gente, pero no fue una locura insoportable.
Eso sí, si vas con perro en verano, ojo con el calor y con el suelo. La zona monumental tiene mucho espacio abierto y, aunque visualmente es preciosa, en días de calor fuerte puede convertirse en una sartén elegante.
Para nosotros, verla al atardecer fue la mejor decisión.
¿Merece la pena visitar Pisa?
Sí, pero sabiendo a lo que vas. Al menos para el tipo de viaje que hacemos nosotros y para lo que buscábamos ese día.
Nuestra sensación fue exactamente la que nos habían contado: Pisa es la Torre de Pisa y poco más.
No dimos un paseo largo por la ciudad porque ya era tarde y nuestro objetivo era claro: ver la Torre, disfrutar un rato de la plaza y volver a la camper. Pero la impresión al salir de la Piazza dei Miracoli fue que el gran atractivo está ahí concentrado. Sales de la plaza y la magia baja bastante rápido.
Puede que Pisa tenga más rincones interesantes, seguro que quien la conozca bien podrá defenderla con argumentos, pero para una parada rápida en camper, nuestra experiencia fue esa.
El susto camper: cuando los Carabinieri pasan por el parking
Cuando volvimos al parking después de ver la Torre, tuvimos ese típico momento camper de “uy, uy, uy”.
Justo pasaban los Carabinieri echando un vistazo por la zona.
Nosotros, que teníamos la idea inicial de dormir allí, aceleramos el paso hacia la furgo como si de repente nos hubieran activado el modo gacela. Al final no pasó nada. Se fueron, no dijeron nada y todo quedó en anécdota.
Pero aun así, decidimos largarnos.
El parking nos había servido perfectamente para visitar Pisa, pero para dormir preferimos no jugárnosla. Así que recogimos y salimos ya en dirección a Florencia. Además, a la mañana siguiente seguro que se petaría y no hubiésemos podido trabajar tranquilos.
Esa noche terminamos en un área de autocaravanas a medio camino entre Pisa y Florencia con la idea de continuar al día siguiente hacia otros pueblos de la zona, como Vinci. Y sinceramente, creemos que hicimos bien.
