Pampaneira

Hay viajes que haces porque sí. Y hay otros que haces porque ya iba tocando.
Este… era de los segundos.

La DogVan decidió ponerse épica y llevarnos a la Alpujarra granadina. Y ahí estábamos nosotros, entrando por fin en Pampaneira, ese pueblo que llevábamos tanto tiempo diciendo “tenemos que ir, tenemos que ir”… que ya parecía una broma interna. Pues fuimos. Y oye: vaya acierto.

Un pueblo que te recibe como si ya te conociera

Pampaneira es de esos sitios que te mira y te dice:
“Relájate. Baja revoluciones. Aquí vamos más lentos, pero vamos mejor.”

Casas blancas apretadas entre sí, tejados planos con chimeneas con sombrerillo, callejuelas estrechas por las que, créeme, no se puede correr. Y agua, mucha agua, bajando por todas partes.

Nosotros tenemos una broma interna, y es que parece que los pueblos más bonitos son los que más cuestas y escaleras tienen. ¿Alguien más está de acuerdo con nosotros? Miguel siempre se pregunta cómo vivirán en pueblos como este las personas mayores.

Otra cosa que atrae de Pampaneira son los colores. Esos colores que aportan lasjarapas colgadas de las puertas y paredes de las tiendas de souvenirs. Porque si, Pampaneira atrae mucho turismo, y por eso nos ha sorprendido tanto la tranquilidad que transmite, a pesar de recibir tantos visitantes.

Jack, por supuesto, decidió que aquello era territorio nuevo que requería una inspección exhaustiva. Lo olió TODO. Pero TODO. Con la intensidad de alguien que se piensa que le han dado la llave del pueblo y tiene una responsabilidad histórica que cumplir.

La trampa del chocolate

Y nada más llegar, en la plaza de la Iglesia, hay una chocolatería. Y que maravilla, joder…
Ese olor a chocolate…
No hace falta que la busques.
No hace falta que veas el cartel.
Es más: aunque vayas distraído, te coge y arrastra como en los dibujos animados.
Ese olor sale, te da una bofetada dulce y te mete dentro sin pedir permiso.

Y ya dentro, bueno…

Para empezar tienen una especie de museo del chocolate, y puedes ver cómo elaboran los dulces y chocolates que venden en la tienda.
Y si, el chocolate espectacular.
Lo justo para que salgas de allí con la misma cara que pone Jack cuando la ha liado parda 🤣

Pampaneira de noche: silencio, luz suave y agua corriendo

Aprovechamos que la zona en la que aparcamos no estaba muy concurrida y nos quedamos dos noches, y esa decisión vale oro.

Cuando cae la tarde, los turistas se van, el pueblo se queda casi vacío… y ahí es cuando te enamora de verdad. Las calles quedan en silencio, solo iluminadas lo justo, y el sonido del agua bajando por las acequias acompaña cada paso. Es como si el pueblo se pusiera en modo “susurro”.

Por qué Pampaneira nos conquistó (y por qué volveremos)

Porque es un pueblo que no se visita: se vive.
Te baja las pulsaciones, pero te sube el ánimo.
Te hace caminar despacio, mirar más, oler más (Jack puede confirmarlo) y disfrutar a otro ritmo.

Y cuidado con esto: Pampaneira se te pega.
Como el barro en las botas después de una caminata.
Te llevas un poquito del pueblo sin querer, aunque sea en forma de olor a chocolate que te persigue todo el día.

Y sí: volveremos.
Pero la próxima le pedimos a Jack que nos deje algún olor para nosotros.

Pampaneira, uno de los Pueblos más bonitos de España

Cuando visitamos los pueblos con esta denominación, entre nosotros los valoramos, y vamos a aprovechar este espacio que nos hemos creado para compartirlo contigo.

¿Se merece Pampaneira ser uno de los Pueblos más bonitos de España?

Si. Por supuesto.

Visitamos Pampaneira #alpujarragranadina #viajarconperroencamper

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