Mojácar

Dormimos en Carboneras, no muy bien la verdad. Madrugón, cinco kilómetros de carrera (porque somos así de intensitos) y rumbo a Mojácar.

Y aquí viene la sorpresa:
Mojácar no está exactamente en la playa.

La playa es la zona moderna, la de apartamentos y paseo marítimo. El pueblo bonito, el que sale en las fotos blancas que te hacen suspirar, está arriba, colgado en la montaña.

Aparcamos en un parking justo por detrás del casco histórico, al lado de lo que creemos que era un polideportivo… o un cole. No lo tenemos claro. Pero ahí plantamos la DogVan.

Había ascensor.
Subimos por las escaleras.
Porque si has corrido 5 km esa mañana, no te vas a rajar ahora.

Y cuando llegas arriba y te giras… empieza la magia.

Casas blancas. Fachadas impecables. Macetas colgando.
Sí. Nos encantan los pueblos blancos con flores. Y a Jack más, que las puede regar.
Sí. Lo decimos en todos.
No. No vamos a cambiar.

Las calles son estrechas, con ese aire laberíntico que te obliga a ir despacio. Mojácar tiene origen árabe y eso se nota en el trazado, pero tampoco nos pusimos en plan documental de La 2. Simplemente lo caminamos.

Atravesamos un arco y llegamos a Plaza Nueva.
Mirador brutal. Montaña a un lado. Mar al otro.
De esos sitios donde dices: vale, ahora entiendo por qué este pueblo está aquí arriba.

Pasamos por la Iglesia de Santa María. Bonita, sobria, con carácter. No somos muy de iglesias, pero el conjunto encaja perfecto con el pueblo.

Y luego está el famoso ficus de la calle La Fuente.
Un árbol enorme. De esos que parecen tener más años que el propio pueblo. No vamos a entrar en nombres técnicos porque tampoco venimos aquí a hacernos los botánicos. Pero impresiona.

Subimos hasta la parte más alta, donde dicen que estuvo la antigua fortaleza. No queda gran cosa, la verdad, pero las vistas compensan todo. Mojácar no puede crecer más hacia arriba. Por eso creció hacia abajo, hacia la costa. Pero el alma está aquí.

Había luces colgadas por todo el casco histórico. Creemos que ya estaban preparando la Navidad… y también creemos que en su día ganaron el premio de Ferrero Rocher y que quizá por eso las mantienen. No estamos seguros. Pero si eso se enciende por la noche, tiene que ser una locura bonita.

Jack ladró a varios gatos locales (con mucha dignidad).
Yo saludé.
Equilibrio natural.

En dos horas lo recorres sin problema. Es pequeño. Pero es de esos pueblos que no necesitan ser grandes para dejarte buen sabor de boca.

Café tranquilo, paseo más y rumbo a Garrucha para dormir.

Mojácar es de esos sitios que te recuerdan que a veces lo mejor no está en la playa… sino un poco más arriba.

Deja un comentario