Las cuevas de Zugarramurdi fueron la última visita de nuestro primer gran viaje por Europa.
Después de casi tres meses recorriendo Francia e Italia, trabajando desde la DogVan, soportando calor, improvisando rutas y viendo pueblos de todos los colores, terminamos nuestra aventura en Navarra.
Llegamos a Zugarramurdi después de haber pasado el día anterior por Ainhoa, y dormimos pasados la frontera para poder visitar las cuevas a primera hora de la mañana, antes de que llegase demasiada gente y empezase a apretar el calor.
Viajando con Jack, este tipo de decisiones ya salen solas. No basta con comprobar que un lugar admite perros, también hay que pensar a qué hora estará más tranquilo, cuánto calor hará durante el recorrido y si la visita va a ser agradable para él.



Una cueva diferente a lo que imaginábamos
Cuando pensamos en visitar una cueva, lo primero que nos viene a la cabeza es un espacio cerrado, oscuro, con pasillos estrechos, estalactitas, estalagmitas y alguien diciéndote que no toques absolutamente nada.
Zugarramurdi no es eso.
La cueva principal es un enorme túnel natural abierto por ambos lados, rodeado de vegetación y atravesado por un arroyo. Más que entrar en una cueva, tienes la sensación de meterte dentro de un escenario natural gigantesco, y eso fue precisamente lo que más nos gustó.
El recorrido combina caminos exteriores, árboles, escaleras, pequeños puentes y el paso por el interior de la gran cavidad. No es una visita agobiante ni tienes la sensación de estar encerrado bajo tierra. Además, dentro se estaba fresquito.



Visitar las cuevas de Zugarramurdi con perro
Una de las cosas que más nos interesaba antes de organizar la visita era saber si Jack podía entrar, y sí, los perros pueden acceder a las cuevas de Zugarramurdi, siempre que vayan atados, controlados y se respeten las normas del recinto.
Para nosotros fue un puntazo. Pudimos hacer toda la visita juntos, sin tener que turnarnos ni dejar a uno fuera esperando con Jack. Él recorrió los senderos, olisqueó todo lo olisqueable y atravesó la enorme cavidad con nosotros como uno más.
Bueno, como uno más no, porque él es el protagonista, porque al final nosotros miramos el paisaje y Jack analiza cada piedra, cada árbol y cada olor como si estuviese investigando un crimen.
El recorrido se puede completar tranquilamente en menos de una hora. Nosotros lo hicimos sin prisas, parando para hacer fotos y dejando que Jack caminase a su ritmo.



Consejo DogVan: mejor a primera hora
Nosotros entramos en el primer horario de la mañana y creemos que es la mejor opción, especialmente durante el verano. Habrá menos visitantes, la temperatura exterior será más llevadera y el perro podrá caminar mucho más tranquilo.
Las cuevas abren por la mañana, aunque los horarios pueden variar dependiendo de la época del año. Lo mejor es consultar siempre la web oficial antes de organizar la visita.
Viajar con perro no consiste únicamente en buscar lugares donde permitan su entrada, también hay que elegir el momento en el que el pequeñajo o la pequeñaja va a estar más cómodo.


Brujas, leyendas y una historia bastante oscura
Zugarramurdi es conocido como el pueblo de las brujas, pero detrás de toda la parte legendaria y de los famosos akelarres existe una historia bastante más dura.
La cueva quedó ligada para siempre a las acusaciones de brujería y a la persecución de la Inquisición durante el siglo XVII. La amplitud del lugar, su ubicación junto al bosque y las reuniones que se celebraban en la zona alimentaron historias que terminaron convirtiéndola en uno de los lugares más misteriosos de Navarra.
Durante el recorrido se encuentran paneles que ayudan a entender parte de esta historia, aunque la visita a la cueva tiene mucho más de naturaleza que de museo, y a nosotros nos gustó así. No hace falta que te planten una bruja de plástico con una escoba cada diez metros. El lugar ya tiene suficiente fuerza por sí mismo.



El Museo de las Brujas no permite la entrada de perros
En Zugarramurdi también se puede visitar el Museo de las Brujas, dedicado a explicar la historia de las persecuciones, la Inquisición, la mitología local y la imagen de las personas acusadas de brujería. Sin embargo, los perros no pueden entrar en el museo.
Nosotros no lo visitamos porque no íbamos a dejar a Jack esperando en la furgo, mucho menos en verano. Además, lo que realmente queríamos conocer eran las cuevas, así que tampoco sentimos que la visita se quedase a medias.
Que el principal espacio natural admita perros ya nos parece bastante más de lo que encontramos habitualmente.



Un recorrido sencillo
La visita es libre y está bien señalizada. Hay escaleras, zonas húmedas, caminos de tierra y piedras que pueden resbalar. Nosotros no tuvimos ningún problema con Jack, pero conviene llevar calzado cómodo y avanzar sin prisas.
También recomendamos llevar agua, aunque dentro haga fresco, bolsas para recoger sus cacos y alguna chuche. En nuestro caso, con Jack, la comida obra milagros. No sabemos si es magia de Zugarramurdi o que el tío es un tragón, pero funciona.



Aparcar y llegar hasta las cuevas
El aparcamiento para visitantes se encuentra señalizado en el pueblo, pero el más cercano está más habilitado para coches que para autocaravanas y campers. Nosotros aparcamos allí por el calor, pero al salir nos dimos cuenta de que en la entrada del pueblo había una señal de autocaravanas en otro parking. Os lo dejamos señalizado más abajo. Está un poco raro y hay que pasar por un helipuerto, y por eso no lo vimos al entrar, pero la verdad es que la DogVan hubiese estado allí mejor que el otro parking. Al volver para irnos, casi nos meten en una ratonera.
Desde allí hay que caminar hasta la entrada de las cuevas, por lo que recomendamos llegar con tiempo y no ir con prisas.
Es mejor aparcar tranquilamente, preparar a Jack, coger agua y acercarse andando sin empezar la visita corriendo porque llegas tarde.
Además, Zugarramurdi es un pueblo pequeño y el paseo hasta la entrada forma parte del plan.
¿Merecen la pena las cuevas de Zugarramurdi?
Para nosotros, sí. Nos gustó el entorno, nos sorprendió el tamaño de la cavidad y agradecimos poder recorrerla con Jack. Es una visita sencilla, no requiere dedicar todo el día y combina naturaleza, historia y ese punto oscuro que envuelve todo lo relacionado con Zugarramurdi.
No esperes una cueva tradicional ni un recorrido subterráneo lleno de formaciones imposibles.
Aquí lo impresionante es la amplitud del lugar, el bosque que lo rodea y la sensación de caminar por un espacio que lleva siglos acumulando historias, leyendas y bastante mal rollito inquisitorial.
Además, para nosotros tuvo un significado especial. Fue la última visita de un viaje de casi tres meses por Europa. Después de salir de allí todavía volvimos a cruzar Francia para llegar a Euskadi, pero Zugarramurdi fue el último punto nuevo que marcamos en el mapa. El lugar en el que terminó aquella aventura.
Y hacerlo juntos, con Jack recorriendo las cuevas a nuestro lado, fue un cierre bastante perfecto.
Porque viajar con perro complica algunos planes, sí, pero también consigue que lugares como este se recuerden de una forma completamente diferente.


