La Sierra de Albarracin: estrellas, carreteras tranquilas y gatos escondidos

Salir de casa con la DogVan rumbo a la Sierra de Albarracín es de esas decisiones que se toman rápido, casi sin pensarlo, como cuando Jack ve un gato y activa el “modo persecución”. Es que esta zona tiene algo… un aire fresco, un silencio que relaja y una luz que engancha.

La primera parada fue el Mirador de Estrellas de Terriente, ese sitio en el que pensábamos cenar viendo las Perseidas y terminar la noche viendo estrellas fugaces y pidiendo deseos.
Cenamos, miramos el cielo… y allí nos quedamos dormidos. Directamente. Caimos rendidos bajo un cielo perfecto mientras Jack intentaba (y conseguía) colarse bajo nuestras sábanas.

A la mañana siguiente aprovechamos para visitar la zona recreativa El Algarbe, un sitio de esos que no tienen mucho misterio, pero sí mucha paz. Era temprano, olía a bosque y la mañana nos cundió. Paseamos y leímos junto a la DogVan.

Por la tarde pusimos rumbo a Moscardón para ver las vistas desde el Mirador El Castellar y luego seguimos hasta el Nacimiento del río Tajo.
Eso sí… sorpresa: estaba seco. Ni gota. Nos quedamos un poco en shock, como cuando prometes a Jack que vamos al parque y acabas en el veterinario.
Pero bueno, volveremos en época de agua. Este sitio tiene que ser otro mundo cuando corre el río.

Esa noche dormimos en Calomarde, en un parking con servicios de autocaravanas por unos 6€.
Había una cascada chula cerca, pero vimos que el camino incluía tramos con rejas en el suelo… y Jack, como muchos otros perros, odia caminar sobre eso.
Lo pensamos: ¿lo pasamos en brazos? ¿un ratito? Pero no sabíamos cuántos metros eran, así que mejor para otra ocasión. No nos pilla lejos de casa, así que sin drama.

A la mañana siguiente, antes de seguir la ruta, paramos en la Cascada del Molino Viejo, donde Jack se dio un remojón legendario. Agua fría, mucha felicidad y un perro inmediatamente más suave y abrazable.

Después seguimos a Torres de Albarracín, muy chulo, con esa mezcla de tranquilidad y río helado donde medio pueblo estaba bañándose mientras nosotros comíamos y veíamos la carrera sprint de MotoGP.
Sí, nos encanta MotoGP.

Por la tarde llegamos a Orihuela del Tremedal, que nos sorprendió bastante.
Quizá fue la luz del atardecer, quizá las cuestas, escaleras y callejones donde los gatos se esconden y Jack se transforma en detective privado… pero nos gustó un montón.
Dormimos allí, en un parking con servicios gratuitos, muy tranquilo.

A la mañana siguiente vimos Moto3 y Moto2 (la gira motera continúa) y después nos movimos hasta Tramacastilla.
Buscábamos buena cobertura para MotoGP… y sí, la encontramos.
El pueblo estaba bien, pero nos encontramos con algo que se repetía mucho por Teruel y Albacete este verano: vallas de las sueltas de toros.
Afean los pueblos, quitan encanto y, siendo antitaurinos, nos dejan mal sabor de boca.
Y es una pena, porque muchas veces los lugares son preciosos, pero estas cosas te desconectan un poco.

Finalmente, terminamos en Albarracín.
Paseo por la tarde (que tendrá su post especial, obvio), ropa lavada en el área de autocaravanas de las afueras, y una noche tranquila como pocas.

Al día siguiente, dejamos la Sierra de Albarracín rumbo a Teruel.

Pero eso… ya os lo contamos en otro post.

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