Francia en camper: 3 cosas que sí y 3 cosas que no

Después de recorrer una parte de Francia con la DogVan, nuestra sensación general es bastante buena. De hecho, nos hemos quedado con ganas de volver porque hemos visto solo una pequeña parte del país y todavía nos quedan muchísimas zonas por descubrir.

Pero, como en cualquier viaje, hay cosas que nos han encantado y otras que nos han hecho pensar aquello de: “bueno, esto tampoco lo necesitamos”.

Así que, después de todos los kilómetros recorridos, estas son nuestras 3 cosas que sí y 3 cosas que no de viajar por Francia en camper.

3 cosas que SÍ

1. La paz que se respira

Si tuviéramos que quedarnos con una sola sensación de nuestro viaje por Francia, probablemente sería esta: paz.

Hemos pasado por pueblos grandes, pequeños, turísticos y otros en los que prácticamente no había nadie, y en general nos hemos encontrado con una tranquilidad que nos ha llamado muchísimo la atención.

Había momentos en los que directamente pensábamos: “¿Pero aquí dónde está todo el mundo?”

Y no hablamos únicamente de nuestro primer viaje en mayo, cuando todavía hacía fresco y el tiempo no acompañaba demasiado. Al volver en julio, sin recorrer exactamente las mismas zonas, volvimos a encontrarnos con esa misma sensación.

Pueblos prácticamente desiertos, calles tranquilas y muy poca gente incluso en lugares en los que esperábamos encontrar bastante más movimiento.

También nos ha gustado mucho la sensación de respeto y tranquilidad que transmite la gente en general.

Eso sí, hay que acostumbrarse a tanta paz… porque a las 12 del mediodía puedes decidir ir a comprar pan y descubrir que ya es demasiado tarde.

Los horarios comerciales franceses nos han jugado alguna que otra mala pasada. Nosotros estábamos trabajando, levantabas la cabeza a las doce y pensabas: “Bueno, vamos a por el pan antes de que cierren”.

Y cuando llegabas, ya estaba cerrado.

Así que muchas veces el pan acabó cayendo del supermercado. Menos mal que, por ejemplo, en Lidl hemos encontrado bastante buen pan.

2. La limpieza

Otra de las cosas que más nos ha llamado la atención es la limpieza.

En general, los pueblos que hemos visitado estaban muy cuidados. Calles limpias, espacios públicos bien mantenidos y una sensación general de orden.

Por supuesto, siempre hay excepciones, pero comparándolo con otros lugares que hemos recorrido durante nuestros viajes, Francia nos ha dejado una impresión muy buena en este aspecto.

Y cuando viajas en camper y pasas tanto tiempo recorriendo pueblos, carreteras y zonas rurales, se agradece muchísimo.

3. Lo verde y los paisajes

Francia nos ha sorprendido también por lo verde que estaba todo.

Hemos encontrado paisajes muy diferentes a lo largo del viaje, pero había una constante: campos, árboles, vegetación y unas carreteras que en muchos tramos discurren completamente rodeadas de verde.

Especialmente cuando te alejas de las grandes ciudades, hay lugares en los que simplemente apetece parar la DogVan, abrir la puerta y quedarse mirando.

Y para nosotros, eso también forma parte de viajar.

3 cosas que NO

1. Las carreteras estrechas… y el “aquí paso yo”

Aquí empezamos con uno de nuestros grandes enemigos del viaje: las carreteras estrechas.

Ya os contamos que muchos de estos trazados tienen su origen en antiguas carreteras diseñadas en una época en la que circulaban carruajes y que, evidentemente, no estaban pensadas para que hoy pasaran dos campers de frente.

El problema no es solamente que sean estrechas.

Es que, además, cuando aparece un vehículo un poco más ancho que el habitual, la sensación que hemos tenido muchas veces es:

“Yo tengo que pasar. Pues paso.”

Y tú ya te apañas.

Más de una vez hemos tenido que arrimarnos, buscar un hueco imposible o preguntarnos cómo demonios vamos a conseguir cruzarnos.

Con una camper, hay momentos en los que se hace bastante más estresante de lo que debería.

2. Rotondas, badenes… y más rotondas y badenes

Otra cosa que nos ha llamado muchísimo la atención es que no siempre resulta cómodo circular por Francia.

En trayectos relativamente cortos puedes encontrarte una sucesión de rotondas, badenes y cambios de ritmo que hacen que avanzar sea bastante menos fluido de lo que esperabas.

Ro-ton-da, acelerar, badén, frenar, otra rotonda, otro badén…

Y así durante kilómetros.

No es que las carreteras sean necesariamente malas. Es que tienes la sensación constante de que cada pocos metros tienes que volver a reducir la velocidad.

Cuando llevas horas conduciendo una camper, terminas pensando:

“¿De verdad hacía falta otra rotonda?”

3. Los dulces… y especialmente las magdalenas

Y aquí tenemos que hacer una pequeña reivindicación.

Los croissants, sí.

Pero el resto de los dulces franceses… pues esperábamos bastante más.

Nos hemos encontrado dulces que nos han parecido bastante normales y, en algunos casos, demasiado azucarados.

Pero el verdadero problema llegó con las magdalenas.

Porque si eres español y estás acostumbrado a una buena magdalena, lo que en Francia llaman magdalena puede dejarte bastante frío.

Para nosotros se parece más a un pequeño bizcocho muy azucarado que a la magdalena a la que estamos acostumbrados.

Y después de tantos kilómetros, lo sentimos, Francia, pero en esto España gana por goleada.

¿Volveríamos a Francia?

Sin ninguna duda.

De hecho, una de las cosas que nos llevamos del viaje es precisamente la sensación de que solo hemos visto una pequeñísima parte del país.

Nos han quedado muchísimas zonas por descubrir y sabemos que volveremos.

Eso sí, la próxima vez intentaremos recordar dos cosas:

Que si queremos pan, a las 12 puede ser demasiado tarde.

Y que si viene una furgoneta de frente por una carretera de un solo carril, más nos vale encontrar rápido un sitio donde apartarnos.

Porque una cosa es viajar en camper.

Y otra es jugar al Tetris con una DogVan en una carretera francesa.

Deja un comentario