El Salto de la Novia

El Salto de la Novia está en Navajas (Castellón) y es uno de esos sitios que ves mil veces en fotos y piensas: vale, sí, es bonito. Spoiler: lo es, y bastante.

Para llegar hay que andar un poco, unos 15 minutos, nada dramático. El camino es fácil, en plena montaña, pero asfaltado y, por el camino, te encuentras una fuente muy chula para hacer la típica parada de “espera, mira esto”. El entorno es una pasada: verde, agua, aire limpio y sensación de naturaleza de la buena.

Antes de llegar a la gran cascada, justo al lado, hay otra más pequeña pero súper bonita, que han acondicionado para poder subir por ella y casi meterte debajo del agua. Un rincón muy chulo, bastante más íntimo, y que ya de por sí merece la parada.

Ahora, hablemos claro: fuimos en agosto y estaba petado. Mucha gente, demasiada. Es un sitio perfecto para bañarse, pero nosotros, que somos más de paz mental que de chapuzón con desconocidos rozándote el codo, pasamos olímpicamente y nos quedamos disfrutando del paisaje.

Llegamos sobre las cinco y media de la tarde y había una chica cobrando entrada, 2€ por persona. Pagamos y bajamos tan dignos… y a la vuelta ya no había nadie cobrando. ¿Timing perfecto? No. ¿Sensación de tontos? Un poco. ¿Risa? Mucha 😂

Antes de eso habíamos intentado ir a Montanejos, pero fue misión imposible: coches por todas partes, cero aparcamiento y caos máximo. Así que dijimos hasta luego y tiramos hacia el Salto de la Novia. Y oye, mereció la pena. Había menos gente que en Montanejos, que ya es decir, aunque seguía habiendo bastante.

Conclusión: el sitio es precioso, el entorno es brutal y merece la visita, pero nos quedamos con la espinita de volver fuera de temporada, cuando no haya tanta gente y se pueda disfrutar con calma. Porque lugares así ganan mucho más cuando no parecen un parque temático sin control.

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