Hay semanas en las que haces kilómetros, visitas pueblos y ves cosas bonitas y hay semanas en las que, además de todo eso, el calor decide convertirse en el protagonista del viaje. Esta ha sido una de esas semanas.


Castro dei Volsci: tranquilidad absoluta
La semana comenzó en Castro dei Volsci, donde encontramos una zona tranquila para pasar la noche en un área de autocaravanas. De esos sitios donde apenas pasa algún coche, puedes trabajar con calma y disfrutar de una mañana sin prisas.
El pueblo nos pareció correcto. Bonito, medieval y agradable para dar un paseo, aunque tampoco fue uno de esos lugares que se quedan grabados para siempre. Aun así, disfrutamos de la tranquilidad del entorno y de una mañana de trabajo bastante relajada.
Intentando llegar a la costa
Nuestra idea inicial era acercarnos a la costa y visitar lugares como Sperlonga o Gaeta. La realidad fue otra.
Encontrar aparcamiento resultó mucho más complicado de lo esperado. No por falta de plazas, sino por los precios que encontramos en muchas zonas (hasta 6€ por una hora de aparcamiento). Después de varios intentos y de no encontrar tampoco lugares que nos convencieran para pasar la noche, decidimos hacer lo que tantas veces hacemos cuando viajamos en camper: cambiar los planes.
Abandonamos la idea de la costa y volvimos a dirigirnos hacia el interior.
Sessa Aurunca y Santa Maria Capua Vetere
La siguiente parada fue Sessa Aurunca, donde encontramos un lugar tranquilo para dormir.
La mañana siguiente estuvo marcada por el calor. Tanto, que el intento de hacer ejercicio quedó cancelado antes incluso de empezar.
Después de trabajar un rato y ducharnos, nos acercamos a Santa Maria Capua Vetere con la intención de ver su anfiteatro romano. Sin embargo, el aparcamiento estaba cerrado y tampoco encontramos una forma sencilla de dejar la furgo cerca, así que la visita terminó siendo bastante rápida.



Casertavecchia: bonito, pero sin ambiente
Esa misma tarde llegamos a Casertavecchia. A nosotros nos gustan mucho los pueblos medievales, así que quizá jugaba con cierta desventaja porque llevamos unos cuantos vistos durante el viaje.
La sensación fue algo distinta para cada uno.
Miguel lo definió como «uno más».
Arantxa, en cambio, disfrutó especialmente de sus rincones llenos de plantas y flores.
Lo que sí coincidimos en destacar fueron las vistas hacia el Vesubio, probablemente lo más impresionante de la visita. También es verdad que llegamos sobre las seis de la tarde de un miércoles y prácticamente todo estaba cerrado. Apenas había gente por las calles y el ambiente era muy tranquilo, quizá demasiado.
La noche terminó de forma inesperada cuando encontramos una gran explanada junto a un recinto de eventos. Preguntamos si podíamos pasar allí la noche y nos dijeron que sí sin ningún problema. Una de esas soluciones improvisadas que terminan funcionando perfectamente.


Calor y centro comercial
La mañana siguiente trabajamos desde aquella explanada y, cuando terminamos, decidimos no seguir visitando pueblos.
Simplemente hacía demasiado calor y viajando con perro el calor no es lo mejor.
Terminamos refugiándonos en un centro comercial cerca de Caserta para comer, refrescarnos un poco y escapar durante unas horas de las altas temperaturas.
Con el calor apretando cada vez más, decidimos adelantar nuestra llegada a la zona de Pompeya y dormir cerca de allí para evitar más vueltas al día siguiente.



Llegada a Pompeya y reencuentro con amigos
El viernes entramos en el camping.
La experiencia con el primer camping no fue precisamente la mejor. Tuvimos problemas con la tarjeta ACSI, nos hicieron sentir bastante incómodos y las instalaciones tampoco ayudaban demasiado. Muy resumido: No vayáis al Camping Pompeii. Id al Zeus.
Por suerte, lo importante del día no era el camping, y es que por la tarde nos reencontramos con nuestros amigos italianos, el verdadero motivo por el que habíamos llegado hasta esta zona de Italia.
Nos enseñaron Castellammare di Stabia, paseamos junto al mar, disfrutamos de unas vistas preciosas y terminamos cenando unas pizzas espectaculares.
Después de tantos kilómetros, fue uno de esos días en los que lo mejor no fue el lugar, sino la compañía.



Pompeya y Sorrento
El sábado estuvo reservado para Pompeya.
No vamos a contar demasiado porque tendrá un artículo propio, pero sí podemos adelantar que entendimos perfectamente por qué tanta gente considera imprescindible visitarla.
Pasamos varias horas recorriendo sus calles, plazas y viviendas, siempre buscando sombras para Jack y aprovechando las fuentes que encontramos por el recorrido.



Fue una visita que nos dejó con ganas de más.
Por la tarde cogimos el tren hasta Sorrento para encontrarnos con otra amiga, nos enseñó algunos de los lugares más conocidos de la ciudad y disfrutamos de unas vistas impresionantes sobre la costa.
Domingo de descanso
El domingo llegó la despedida de nuestros amigos.
También cambiamos al segundo camping, donde la experiencia fue completamente diferente. Baños limpios, duchas limpias, personal amable y una sensación general mucho más agradable.
Pasamos el resto del día descansando, viendo las carreras, organizando la furgo y recuperando energías para continuar la ruta.
Porque si algo nos ha enseñado esta semana es que los planes cambian constantemente y que, a veces, los mejores recuerdos no son los monumentos ni los paisajes. Son las personas con las que compartes el viaje.
