Cuando Jack pide agua (o comida) en la DogVan

Vivir en camper también es aprender a comunicarse sin palabras.
Jack lo tiene clarísimo.

Cuando tiene sed (o hambre), sale de su huequecito debajo de la mesa, se despereza con toda la calma del mundo… y nos mira.
Si no pillamos la indirecta, pasa al plan B: se sube a la cama y apoya las patitas en la tabla donde preparamos la comida. Ahí ya no hay dudas: quiere algo.

En este caso, tocaba agua.

Le acercamos su platito y se la ponemos siempre con agua filtrada.
Es agua de la camper, que llenamos en fuentes de agua potable, pero la filtramos para beber todos —también Jack—. Así evitamos cargar con garrafas y ganamos espacio, que en la Dogvan vale oro. Mi madre, tras más de 35 años viajando en caravana, me la vió y exigió que le pidiese una.

No llevamos el cuenco siempre puesto porque el espacio es limitado y acabaríamos tirándolo sin querer.
Jack lo sabe, nos avisa… y nosotros estamos atentos.

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