Cruzar el puerto del Pequeño San Bernardo en camper

Después de varias semanas recorriendo Italia, llegó el momento de despedirnos del país cruzando uno de esos lugares que imponían respeto incluso antes de arrancar el motor: el puerto del Pequeño San Bernardo, un paso de montaña situado a más de 2.100 metros de altitud que conecta el Valle de Aosta con Francia.

Antes de llegar habíamos leído opiniones de todo tipo. Que si las curvas, que si la bajada, que si una camper sufre mucho… Así que decidimos afrontarlo como hacemos siempre: sin prisas, disfrutando del camino y pensando, sobre todo, en viajar seguros. Y, después de cruzarlo, podemos decir que la experiencia fue mucho más sencilla de lo que imaginábamos.

¿Puerto o túnel? La decisión que cambió nuestra ruta

Nuestro plan inicial era cruzar de Italia a Francia por el túnel del Mont Blanc, la opción más rápida para pasar de un país a otro. Sin embargo, cuando vimos el precio del peaje decidimos replantearnos la ruta. Nos parecía un coste demasiado elevado para recorrer apenas 11 kilómetros bajo la montaña.

Así que abrimos el mapa y buscamos una alternativa. Fue entonces cuando apareció el puerto del Pequeño San Bernardo. Y, sinceramente, no podemos alegrarnos más de haber cambiado de idea.

Es cierto que el puerto supone invertir algo más de tiempo, pero a cambio disfrutas de una carretera espectacular, rodeada de montañas, praderas alpinas, lagos y paisajes que convierten el trayecto en parte del propio viaje. Todo lo contrario que un túnel, donde en pocos minutos entras por un lado de la montaña y sales por el otro sin haber visto absolutamente nada.

Pero lo mejor ni siquiera fue el recorrido

Si hubiéramos cruzado por el túnel, nos habríamos perdido una de las noches más especiales de todo el viaje. Pudimos dormir junto al Lago Verney, a más de 2.000 metros de altitud, rodeados de montañas, con restos de nieve en pleno verano y una tranquilidad difícil de describir.

Después de varias semanas soportando temperaturas cercanas a los 40 grados en Italia, volver a dormir con fresco fue un auténtico regalo. Y para Jack fue todavía mejor. Lo vimos disfrutar como un cachorro, correteando entre la hierba y acercándose a la nieve, algo impensable apenas unos días antes.

Hay veces que merece la pena renunciar al camino más rápido.

En nuestro caso, cambiar el túnel del Mont Blanc por el puerto del Pequeño San Bernardo fue, sin duda, una de las mejores decisiones de toda la ruta.

Un puerto de montaña que merece la pena

La carretera comienza a ganar altura poco a poco desde el Valle de Aosta. A medida que asciendes, el paisaje cambia completamente. Los bosques dejan paso a las praderas alpinas, aparecen las primeras manchas de nieve incluso en pleno verano y las vistas se vuelven espectaculares.

La subida tiene bastantes curvas, pero en ningún momento nos pareció especialmente complicada. Con nuestra camper simplemente fuimos dejando que el vehículo trabajara, manteniendo un ritmo constante, normalmente entre los 30 y los 40 km/h, utilizando marchas cortas y sin exigir más de la cuenta al motor.

En un puerto como este no tiene sentido correr. Precisamente ahí está parte de la experiencia: levantar la vista de vez en cuando, contemplar las montañas y disfrutar de uno de esos trayectos que forman parte del propio viaje.

La sorpresa de la cima

Al llegar arriba nos encontramos con una enorme explanada donde es posible detenerse con tranquilidad para disfrutar del paisaje. Es el lugar perfecto para estirar las piernas, hacer fotografías y contemplar la frontera entre Italia y Francia.

Uno de los detalles que más nos llamó la atención fue encontrar un área de servicio para autocaravanas y campers justo en la cima del puerto. Un detalle que da mucha tranquilidad a quienes viajamos sobre ruedas, ya que permite vaciar aguas o preparar el vehículo antes de continuar la ruta sin tener que buscar otro punto de servicio.

Allí arriba también se encuentra el conocido monumento dedicado al perro San Bernardo, una parada casi obligatoria para hacerse la clásica fotografía del paso.

Dormir junto al Lago Verney

Nosotros decidimos no bajar inmediatamente hacia Francia. Preferimos quedarnos a dormir en uno de los lugares más bonitos de todo el viaje: el Lago Verney.

Fue una de esas noches que se quedan grabadas para siempre. A más de 2.000 metros de altitud, rodeados de montañas, con restos de nieve alrededor y un silencio absoluto.

Después de tantos días huyendo del calor italiano, despertarnos allí fue un auténtico lujo. Dormimos con una temperatura perfecta, descansamos como hacía tiempo que no lo hacíamos y disfrutamos de un amanecer difícil de olvidar. Y, por supuesto, Jack fue el que más disfrutó. Después de tantas semanas escapando del calor, verlo correr por la montaña, olisquear cada rincón y acercarse a la nieve fue uno de esos momentos que justifican cualquier desvío en una ruta.

La bajada hacia Francia: mucho más fácil de lo esperado

Si la subida imponía respeto, la bajada era la que realmente nos hacía pensar.

Era nuestro primer gran puerto alpino con la camper. Aunque ya habíamos recorrido carreteras de montaña en los Pueblos Negros de Guadalajara o en la Alpujarra granadina, aquí la altitud era otra historia.

La realidad es que todo fue mucho mejor de lo que esperábamos.

Bajamos utilizando principalmente segunda y tercera velocidad, dejando que fuera el freno motor quien hiciera la mayor parte del trabajo. Circulamos prácticamente todo el descenso entre 30 y 40 km/h, sin llegar casi a los 50 km/h y utilizando el freno únicamente cuando era necesario.

Ese fue, probablemente, el mejor aprendizaje del día: no tener prisa.

La carretera tiene muchas curvas, sí, pero el firme está en muy buen estado y la anchura es suficiente para cruzarse con otros vehículos sin problemas. Manteniendo una conducción tranquila, el descenso nos pareció perfectamente asumible para cualquier persona acostumbrada a conducir una camper o una autocaravana.

Además, las vistas durante la bajada son espectaculares. En lugar de atravesar un túnel durante unos minutos, fuimos descendiendo poco a poco entre montañas, disfrutando de un paisaje que merece la pena saborear con calma.

Del fresco alpino al verano francés

Uno de los cambios más sorprendentes llegó al terminar el descenso.

En la cima disfrutábamos de unos 15 grados, una temperatura que nos supo a gloria después de varias semanas soportando el intenso calor italiano. Sin embargo, al llegar a Bourg-Saint-Maurice, el termómetro de la camper marcaba ya 29 grados. En apenas unos kilómetros habíamos pasado del ambiente de alta montaña al calor del valle.

Nada más terminar la bajada encontramos un rincón tranquilo junto al río Le Versoyen, donde decidimos pasar la noche antes de continuar nuestra ruta por Francia. Además, descubrimos que muy cerca había un Lidl, perfecto para reponer la despensa después de tantos días de viaje.

Eso sí, también nos tocó volver a cambiar el chip con los horarios. Después de varias semanas en Italia, donde muchos comercios permanecen abiertos hasta las ocho o las nueve de la tarde, en Francia hay que volver a organizarse. Si no quieres encontrarte las puertas cerradas, conviene adelantar un poco las compras y las visitas.

¿Recomendamos cruzar el Pequeño San Bernardo en camper?

Sin ninguna duda.

Si viajas en una camper o una autocaravana en buen estado y estás acostumbrado a conducir por carreteras de montaña, no nos pareció un puerto especialmente difícil.

Nuestro consejo es sencillo:

  • Sube sin prisas y disfruta del paisaje.
  • Utiliza marchas cortas tanto en la subida como en la bajada. A 1.500 revoluciones la nuestra sube perfecta.
  • Deja que el freno motor haga gran parte del trabajo.
  • Aprovecha el área de servicio situada en la cima si la necesitas.
  • Y, sobre todo, si tu viaje te lo permite, quédate una noche en el Lago Verney.

Porque, al final, lo que recordaremos de este paso entre Italia y Francia no será haber cruzado una frontera, sino haber descubierto uno de los rincones más bonitos de todo el viaje.

Hay veces en las que el camino merece mucho más la pena que el atajo. Y el puerto del Pequeño San Bernardo es la prueba de ello.

Información útil para cruzar el puerto del Pequeño San Bernardo en camper

📍 Altitud del puerto
2.188 metros sobre el nivel del mar.

🚐 ¿Es apto para campers y autocaravanas?
Sí. Nosotros lo cruzamos con nuestra Challenger V114 sin ninguna dificultad. La carretera está en buen estado y tiene anchura suficiente para cruzarse con otros vehículos.

⛰️ Dificultad
Media. No es un puerto complicado si estás acostumbrado a conducir por carreteras de montaña.

⬆️ Subida
Muchas curvas, pero muy llevadera. Nosotros subimos entre 30 y 40 km/h utilizando marchas cortas y dejando trabajar al motor.

⬇️ Bajada
Lo más importante es utilizar el freno motor. Bajamos prácticamente todo el puerto en segunda y tercera velocidad, entre 30 y 40 km/h, utilizando el freno únicamente cuando era necesario.

🚿 Área de servicio
En la cima hay un área para autocaravanas donde es posible vaciar aguas y realizar los servicios básicos antes de continuar el viaje.

🐶 Viajar con perro
Es un lugar perfecto para hacer una parada. En verano las temperaturas son mucho más agradables que en el valle y hay amplios espacios donde pasear con tranquilidad, siempre respetando el entorno.

🏕️ Nuestra recomendación
No tengas prisa por bajar. Si puedes, pasa una noche junto al Lago Verney. Para nosotros fue uno de los mejores lugares de toda la ruta por Italia y Francia.

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