Costa de Alicante

Este viaje por la costa de Alicante empezó sin prisas y terminó sin forzarlo.
Y quizá por eso fue tan nuestro.

Venimos del interior, de Guadalest, y desde allí pusimos rumbo a Altea, una parada imprescindible para nosotros. Allí nos esperaban tres días con un amigo de la universidad de Arantxa, de esos encuentros que no se negocian cuando viajas. Daba lluvia, pero nos respetó el tiempo y pudimos disfrutar del pueblo, del reencuentro y de la calma de parar sin tener que “hacer cosas”.

Desde Altea salimos hacia Dénia, con la idea clara: recorrer la costa de Alicante de norte a sur, hasta Elche.
Pero la costa decidió otra cosa.

En Dénia empezó a llover. Y no poco.
La lluvia nos obligó a parar dos días, a bajar el ritmo y a saltarnos gran parte del tramo entre Jávea y Calpe. Viajar así también es esto: aceptar que no todo se puede hacer cuando quieres.

Cuando por fin retomamos la ruta, llegamos a Moraira. Dormimos allí, en un parking con más autocaravanas, y esa noche volvió a llover. A la mañana siguiente nos despertamos envueltos en una niebla espesa que lo cubría todo. Impresionaba. El plan de madrugar para hacer ejercicio se quedó en pausa y nos quedamos un poco más en la cama. También es parte del viaje.

Después tocó vida real: cambiar aguas. Y ahí vino el percance.
El grifo era diferente, no teníamos adaptador… así que tiramos de ingenio: cubos, un trozo de manguera y un embudo. Problema resuelto.

De ahí nos fuimos a Calpe. Comimos, paseamos por la playa y el paseo marítimo y terminamos la tarde en Café Seamos, una cafetería pet-friendly donde nos tomamos un café con un cinnamon roll que supo a gloria. Jack, feliz, como siempre, formando parte del plan.

Esa noche volvimos a Altea, al mismo punto tranquilo donde ya habíamos dormido antes. Dormir bien también es elegir bien dónde parar.

A la mañana siguiente, tras trabajar un rato, pusimos rumbo a Villajoyosa. Y aquí vino la sorpresa.
Nos esperaba menos… y nos gustó mucho más. Paseamos por la zona antigua, por las casas de colores, la playa, y entendimos por qué tiene tanto encanto. Fue una de esas paradas que se quedan contigo.

Como se nos hizo tarde, seguimos hasta un punto cercano, por la zona de San Juan de Alicante, para dormir y dejar listo el último día.

La idea final era visitar Alicante ciudad, pero los lugares donde has vivido tiran fuerte. Y Elche nos llamó.

Terminamos el viaje paseando por el centro de Elche, disfrutando de su mercadillo navideño, tomando un café y caminando por calles que durante años fueron nuestro día a día. Jack delante, nosotros recordando, sin prisas, sin expectativas.

Y ahí, sin grandes fuegos artificiales, terminó este primer viaje por la costa de Alicante.

Con lluvia, cambios de planes, amigos, pueblos que sorprenden y otros que te hacen volver al pasado.
Volvemos a casa.
Pero esta costa… sabemos que no es un adiós.

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