Estábamos a finales julio y cuando en casa empezaron a anunciar temperaturas cercanas a los 40 grados, decidimos coger la DogVan y buscar un poco de fresco. El destino fue la provincia de Teruel, donde las previsiones rondaban los 33-36 grados y, además, la altitud permitía encontrar zonas bastante más agradables.
No íbamos con una ruta cerrada. La idea era ir buscando pueblos, senderos, ríos y, sobre todo, lugares donde Jack pudiera refrescarse. Y el agua terminó siendo la protagonista de prácticamente todo el viaje.

Primera parada: Pajaroncillo
Con casi 40 grados en casa, lo tuvimos bastante claro: cogemos la DogVan, metemos a Jack y nos vamos a buscar fresquito.
Y acabamos en Pajaroncillo, donde encontramos un sitio junto al río perfecto para parar. Café, tranquilidad y Jack metiendo las patas en el agua. Primer baño del viaje y primera señal de que habíamos venido a lo que habíamos venido: a escapar del calor.
Después seguimos hasta Mora de Rubielos, donde decidimos pasar la noche en el área de autocaravanas. Habíamos visto una zona junto a un sendero que tenía buena pinta para dormir, pero había maquinaria, un camión y movimiento de trabajadores.
Y dijimos: mira, mejor no. Que una cosa es dormir en mitad de la naturaleza y otra despertarte a las siete de la mañana con un señor arrancando una excavadora al lado de la camper.
Así que al área y a correr.
Mora de Rubielos nos sorprendió bastante. No esperábamos gran cosa y acabamos dando una vuelta por el pueblo, haciendo fotos y viendo el castillo por fuera.
Porque por dentro no pudimos.
No admiten perros.
Así que aplicamos nuestra norma de siempre: si Jack no entra, nosotros tampoco. Y punto.
Por la noche volvimos a la camper y al día siguiente trabajamos un rato antes de ponernos en marcha.




Cascada de la Hiedra y Fuente Narices
Preparamos unos bocadillos y nos fuimos hacia la Cascada de la Hiedra.
La ruta empieza bajando. Mucho. Y nosotros pensando en que a la vuelta había que subir…
Maravilloso.
Por el camino encontramos la Fuente Narices, llamada así porque tiene una pequeña nariz incrustada en la piedra. Jack la vio y no necesitó más información. Agua = dentro.
Se metió directamente en el pilón y se pegó un buen refrescón.
Seguimos hasta la cascada, aunque en pleno verano llevaba bastante poca agua. Aun así, el sitio merece la pena y estamos convencidos de que en primavera, después de una buena temporada de lluvias, tiene que estar espectacular.
Nos sentamos allí con nuestros bocadillos y aprovechamos para refrescarnos.
Yo metí los pies. Miguel decidió que aquello era un spa y acabó metido prácticamente hasta el culo, y Jack, por supuesto, también.
Después volvimos por donde habíamos venido, hicimos otra parada en Fuente Narices para rellenar las botellas con un agua fresquísima y Jack volvió a meterse dentro antes de enfrentarse a la famosa subida.



El Castellar: aquí sí que hemos triunfado
Después de ducharnos y volver a pasar por Mora de Rubielos para cargar agua, seguimos hasta El Castellar. Habíamos visto que allí había una piscina natural y queríamos comprobar si era uno de esos sitios tranquilos que buscamos cuando viajamos, y aquí, sí.
La piscina está rodeada de montaña y tiene un agua fría y cristalina que, con los 36 grados que hacía fuera, era directamente gloria bendita. Y lo mejor de todo: llegamos y estábamos solos. Solos de verdad.



Jack disfrutando de su baño, nosotros dentro del agua y el calor quedándose fuera. Era exactamente lo que habíamos venido a buscar.
Después llegó una pareja con otro perro. Ellos se quedaron merendando mientras nosotros terminábamos de bañarnos y decidimos recoger para dejarles su espacio, y justo cuando nos íbamos, apareció un grupo de chavales.
Nos miramos y pensamos: “Hemos llegado y nos hemos ido en el momento perfecto”.
El área para autocaravanas de El Castellar está preparada para recibir vehículos, aunque durante nuestra visita no tenía agua en los grifos. Sí permite descargar y, para pasar una noche tranquilos, nos valió perfectamente.

Cuando hay demasiada gente, puerta
Al día siguiente seguimos buscando cascadas.
Nos acercamos a la zona de la Cascada del Molino de San Pedro, pero era sábado y había bastante movimiento.
No nos apetecía estar allí haciendo cola para bañarnos ni intentando encontrar un hueco para estar tranquilos con Jack. Así que media vuelta y a la camper. Ni fotos hicimos. Y tampoco pasa nada.
De vuelta a Pajaroncillo
Después intentamos buscar algún sitio por Boniches, pero era 1 de agosto, sábado, hacía calor y, evidentemente, había bastante gente buscando exactamente lo mismo que nosotros: agua. Así que acabamos haciendo algo que nos pareció bastante lógico.
Volver al principio.
Regresamos a Pajaroncillo, al mismo lugar donde habíamos empezado el viaje. Cenamos allí, nos duchamos, estuvimos un rato leyendo y pasamos una noche tranquilísima.
Después de un día de intentar encontrar sitios tranquilos sin demasiado éxito, aquello nos supo a gloria.


Última parada: las Lagunas de Cañada del Hoyo
A la mañana siguiente ya tocaba volver a casa, pero no nos apetecía terminar el viaje directamente.
Miramos el mapa y vimos que las Lagunas de Cañada del Hoyo estaban relativamente cerca. Las tenemos bastante a mano y, sin embargo, nunca habíamos ido. Así que decidimos hacer una última parada.
Las lagunas nos gustaron mucho, especialmente la Laguna de la Gitana, con ese color tan particular del agua. Otra de las pequeñas nos llamó la atención precisamente por lo contrario, con un tono más marronoso y una apariencia mucho más estancada.
Fue una visita rápida antes de volver finalmente a casa.


Un viaje buscando fresquito
Al final, estos días por Teruel han sido exactamente lo que buscábamos cuando salimos: escapar del calor y encontrar lugares donde poder estar bien con Jack.
No todo salió como esperábamos. Algunas cascadas tenían poca agua, algunos pueblos no nos dijeron demasiado y varios de los lugares que queríamos conocer estaban demasiado concurridos.
Pero también encontramos rincones fantásticos y, sobre todo, hemos confirmado algo que ya sabíamos: cuando viajamos en verano, el mejor plan muchas veces no es buscar el sitio más famoso, sino buscar agua, sombra y poca gente.
Para eso habíamos venido a Teruel y para eso volveremos.
