Llegamos a Bard sin tener muy claro qué íbamos a encontrarnos y acabamos descubriendo dos cosas: que su fortaleza es bastante más impresionante de lo que parece en las fotos y que somos más frikis de Los Vengadores de lo que estábamos dispuestos a reconocer.



Bard y Hône: juntos, pero no revueltos
Lo primero que hay que aclarar es que Bard y Hône están pegadísimos. Tanto que, cuando llegas, parece que todo forma parte del mismo pueblo. Pero no.
Bard se encuentra a un lado del río Dora Baltea y Hône al otro. Nosotros dormimos en un parking junto al río, en Hône. Desde allí teníamos Bard a un paseo y la enorme fortaleza dominándolo absolutamente todo. Porque en Bard cuesta mirar hacia otro lado. El pueblo es pequeño, pero el fuerte aparece encajado sobre la roca como si alguien hubiese decidido construir una mole gigantesca justo en el lugar más complicado posible.
La zona del parking nos vino muy bien para pasar la noche con la DogVan. Estábamos junto al río, rodeados de montañas y con Bard prácticamente al lado. Jack podía pasear con nosotros por los alrededores y nosotros empezábamos a disfrutar de unas temperaturas bastante más llevaderas que las que habíamos sufrido durante la última parte del viaje.




La fortaleza que se quedó en visita exterior
Nuestra intención era visitar la Fortaleza de Bard. Ya que habíamos llegado hasta allí y teníamos semejante edificio delante, lo lógico era subir y conocerlo por dentro. Pero nuestros planes suelen tener una pequeña cláusula: tienen que poder encajar también con Jack.
La entrada costaba 15 euros e incluía el acceso a los museos y a los espacios interiores. El problema era que Jack no podía entrar en esas zonas y, además, nos indicaron que para acceder con él a las partes permitidas tendría que llevar bozal.
Jack tiene conductas reactivas, necesita su espacio y nosotros siempre viajamos preparados para adaptar los planes cuando hace falta. Pero, en este caso, pagar una entrada cuyo principal contenido estaba precisamente en los lugares a los que él no podía acceder no nos convencía demasiado, y el echo de que tuviese que llevar bozal, sin más perros en el lugar, y haciendo más de 30 grados, lo sentimos, pero no.



Así que no entramos.
La gran visita a la Fortaleza de Bard acabó convirtiéndose en una vuelta por el exterior, contemplándola desde el pueblo y haciendo lo que hacemos muchas veces durante el viaje: cambiar el plan sin montar un drama. Y la fortaleza, al menos desde el exterior, ya merece bastante la pena.
Espera, ¿aquí grabaron Los Vengadores?
La sorpresa llegó cuando descubrimos que la Fortaleza de Bard había sido una de las localizaciones de Los Vengadores: La era de Ultrón. En la película aparece convertida en una base de HYDRA y varias escenas se rodaron en el fuerte y en otros puntos cercanos del Valle de Aosta.



Nosotros no habíamos llegado hasta allí siguiendo ninguna ruta cinematográfica. Ni siquiera sabíamos que Bard tenía relación con Marvel. Por eso, cuando nos enteramos, el lugar ganó automáticamente varios puntos.
Somos un poquito frikis de Los Vengadores, solo un poquito.
De pronto ya no estábamos mirando únicamente una fortaleza italiana, estábamos mirando uno de los escenarios que habíamos visto en una película, intentando reconocer zonas y pensando en todos los actores que habían pasado por allí.
Y entonces llegó Mark Ruffalo. El mismísimo Hulk.
A partir de ese momento, lo de no haber podido entrar perdió algo de importancia. Quizás no habíamos visitado los museos, pero habíamos terminado contemplando la fortaleza desde fuera mientras imaginábamos a Los Vengadores corriendo por allí.
No era el plan inicial, pero tampoco estaba mal.



Bard, pequeño pero con mucha presencia
El pueblo de Bard es realmente pequeño, no necesita una visita de horas ni tiene una lista interminable de monumentos. Su encanto está en caminar por sus calles, mirar las casas de piedra y levantar la cabeza cada dos por tres para encontrarte de nuevo con la fortaleza.
Las casas antiguas, la roca, las montañas y esa construcción gigantesca encima de todo forman una imagen difícil de olvidar.
Bard fue nuestra primera sorpresa en el Valle de Aosta. Un pueblo diminuto dominado por una fortaleza enorme, una noche junto al río con Jack y un descubrimiento completamente inesperado relacionado con Los Vengadores.
