Alberobello

Alberobello fue uno de esos lugares que nos obligó a tragarnos nuestras primeras palabras.

Llegamos con muchas expectativas. Habíamos visto mil fotos de sus famosas casas blancas con tejados cónicos y esperábamos encontrar un pueblo completamente lleno de ellas. Pero nuestra primera impresión fue bastante mala.

Habíamos aparcado lejos de la zona más conocida y entramos por una parte donde había algunos trulli mezclados con edificios normales, calles asfaltadas y muy poca sensación de casco histórico. Durante un rato pensamos que Alberobello estaba completamente sobrevalorado. De hecho, estuvimos a punto de irnos.

Pero seguimos caminando, y menos mal.

Porque al final encontramos la zona que realmente hace famoso a Alberobello. Calles enteras llenas de trulli, suelos de piedra, tiendas, restaurantes, cafeterías y ese ambiente turístico bien montado que esperas encontrar en un lugar tan singular.

Ahí sí, ahí entendimos por qué tanta gente habla de este pueblo

Los trulli son las construcciones tradicionales de Alberobello. Son casas de piedra seca, levantadas sin mortero, con esos tejados cónicos tan característicos que parecen sacados de un cuento. Según la historia más popular, se construían así para poder desmontarlas rápidamente cuando aparecían los recaudadores de impuestos del Reino de Nápoles. No sabemos cuánto hay de leyenda y cuánto de realidad, pero la historia nos pareció curiosísima.

Además, muchos tejados tienen símbolos pintados: cruces, corazones, lunas, soles o signos de protección. Son pequeños detalles que hacen que el paseo sea todavía más entretenido.

Lo mejor de Alberobello es cuando consigues entrar en las calles donde todo mantiene la misma estética. Ahí el pueblo cambia por completo. Ya no ves “unas casas curiosas”, sino un conjunto muy bonito, muy fotogénico y totalmente diferente a cualquier otro lugar que hayamos visitado en Italia.

También tuvimos la suerte de verlo a última hora de la tarde. Durante el día hacía muchísimo calor, así que decidimos esperar a que bajara el sol para poder pasear con Jack sin que sufriera. Fue la mejor decisión. Llegamos sobre las siete, y entre la luz del atardecer, el ambiente y la temperatura más agradable, acabamos paseando más de dos horas y media.

Las primeras impresiones no siempre son las que importan

Eso sí, si vais en camper, tened algo en cuenta: dependiendo de dónde aparquéis, la primera impresión puede ser engañosa. A nosotros nos pasó. Si solo hubiéramos visto la primera zona, nos habríamos ido pensando que Alberobello no merecía la pena. Hay que llegar hasta el núcleo más bonito, donde se concentran los trulli y las calles de piedra.

Al final, Alberobello pasó de parecernos una decepción enorme a convertirse en uno de los lugares más bonitos y singulares del viaje.

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